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Se dice de TI: que revelan tús búsquedas #porno en internet?

[avatar user="Gabo Hunt" align="right"]Gabo[/avatar] Cada día millones de internautas de todo el mundo, hombres y mujere...

[avatar user="Gabo Hunt" align="right"]Gabo[/avatar]
Cada día millones de internautas de todo el mundo, hombres y mujeres, se zambullen en ese proceloso océano de imágenes, vídeos y relatos sexuales que es Internet (bueno, también hay algún vídeo de gatitos: hay gente pa tó). De algún modo, es como si todos los siervos de Onán estuvieran participando involuntariamente en un gigantesco estudio sobre gustos y hábitos sexuales, un trasunto cibernético y a calzón quitado del apolillado Informe Hite, el estudio sobre la sexualidad humana que realizó Shere Hite en los años 70.



Esto es fácil decirlo, pero ¿quién tiene arrestos para sumergirse en esa gigantesca cloaca, en ese infinito panóptico de carnes turgentes (o no), mejuntosos flujos y gemidos exacerbados? Pues lo han hecho dos neurocientíficos, con los sospechosos nombres de Ogi Ogas y Sai Gaddam, autores del erudito libro ‘A billion wicked thoughts’ (algo así como ‘Mil millones de pensamientos pícaros’).

Ogas y Gaddam (o como demonios se llamen en realidad) han analizado 400 millones de búsquedas eróticas en Internet para confeccionar un mapa de las sexualidad humana o, mejor dicho, de las fantasías, porque cuando estamos solos frente a la pantalla emerge nuestra verdadera naturaleza; al fin y al cabo, allí nadie nos está viendo… ¿o tal vez sí?

Estas son algunas de los hallazgos de la pareja de neurocientíficos:


-Los hombres heterosexuales tienen algo en común con los homosexuales: unos y otros tienen gran interés en ver el pene de otros hombres. Sea para excitarse, sea para comparar tamaños, lo cierto es que la fijación de los machos con el miembro viril –el nuestro y el de los demás- es constante y universal.*



-Preferimos el sexo amateur antes que el profesional. Tras décadas confinados a las inverosímiles formas de las modelos de Penthouse (o a las infames lencerías de Lib), YouPorn es un jardín de afinidad: ¡gente que folla como nosotros!

-Nos encanta el porno protagonizado por mujeres infieles. “En el reino animal, los machos se excitan al ver copular a otros machos –explican los autores- Los machos humanos responden del mismo modo: si ven a otro macho trasegando con una hembra –incluyendo su pareja- se excitan”.

-A los hombres nos encantan jóvenes (hombres y mujeres de ser posible embutid@s en uniforme de colegiala o colegial) y rellenitas, aunque hay un pujante sector interesado en el porno de maduritas en edad de prejubilación. Uno de los géneros con más predicamento en Internet es el que enumeré al principio: MILF (Mamás que me Encantaría Cepillarme, en sus siglas en inglés).

-El formato más habitual para satisfacer la masturbación de un hombre es un videoclip de 60 segundos (que levante la mano libre el chongo que haya visto una peli porno entera). Para las mujeres, es un relato de unas 2.000 palabras (lo que no quiere decir que le hagan ascos al formato audiovisual).

-A las mujeres hetero las pone a cien el sexo entre hombres, si GAY principalmente en su vertiente narrativa. A los gays les encanta ver porno protagonizado por heterosexuales, lo que no deja de ser una desviación a sus ojos.

La conocida como “regla 34” de Internet afirma que “si algo existe, tiene una versión porno”. Hay porno con enanos, con chicas escayoladas o atrapadas con sus coches en el barro (y cualquier combinación de los elementos anteriores). No obstante, la infinita variedad de fetichismos disponibles, el 80% de las búsquedas se centran solo en 20 temas, de los cuales los cinco más populares son, por este orden:

  • jóvenes,

  • gays,

  • mamás sexis, MILF

  • tetas

  • y esposas infieles.


* Por supuesto, ningún hombre que se tenga por tal reconocerá que le gusta ver miembros viriles erectos de otros congéneres. Pero el caso es que les (nos) pone, y esta ambigüedad la explotan los dibujantes de manga japonés, con el “futanari”, figuras de chicas que lucen hermosos falos, perversas y angelicales travestis.

 

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