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Murió Norberto Oyarbide. Un juez de sauna

Norbert Zuberbühler | Artífice de una vida sexual aparentemente dorada, la leyenda Spartacus narraba supuestas sesiones grupales de búsqued...

Norbert Zuberbühler | Artífice de una vida sexual aparentemente dorada, la leyenda Spartacus narraba supuestas sesiones grupales de búsqueda y experimentación. A fines de la década del 90 (y hoy también) esas delicias encendieron la sospecha punitivista de proxenetismo encubierto, porque si el denunciado se dedicaba a pagar, tomar y fifar, contribuía así a sostener una red de trata y no el trabajo sexual de algunos.



Ese cariz indeleble -devenir puto violentamente desclosetado, esto es, dejar de ser sólo Juez Federal sospechado y pasar a ser sobre todo y antes que nada, mariquita- es la marca de la que Oyarbide nunca más pudo desprenderse; un signo que el funcionariado judicial heterosexual jamás porta



Carmencita, esa madre

Faltaban quince días para que Gregorio Mario Oyarbide se casara con una mujer cuya familia era “dueña” de la mitad del pueblo, Villa Elisa. Pero el destino lo cruzó con Carmencita. El casamiento, por supuesto, se anuló. Gregorio y Carmencita dieron el sí, se instalaron en un ranchito y tuvieron tres hijos: dos murieron. La apuesta fue, entonces, para Norberto. “Mi padre era un galán muy requerido por las mujeres y lo sorprendí en situaciones de infidelidad”, contó Oyarbide en una entrevista a La Nación. El padre le exigió silencio ante la falta. El, dijo, se colocó una máscara para “salvar la dignidad de su familia”. Y se pegó a la madre, Carmencita.

La mujer de “presencia gigante”, la “exigente”, la que le marcó “reglas muy claras de conducta”. Esa mujer, la que en vísperas de su muerte dio instrucciones“Creo que en pocos días voy a dejar de estar contigo en forma física pero voy a estar en tu corazón acompañándote siempre. Así que no tengas temor si eso ocurre. A mí no me gustan esas cosas de coronas y flores y demás… Tampoco me gustan esos cajones barnizados, berretas. Te voy a hacer gastar un poco de dinero: un cajón de roble y un ramo de rosas blancas. Y no vayas a cometer el error de servir café, como en todos los velatorios. Serví champagne porque ese es el día más feliz de mi vida. Me voy habiendo cumplido una misión fantástica que es haberte tenido a vos. Lo único que te pido es que no admitas censuras en tu vida, que nadie te domestique, sé libre e intentá ser feliz”. 

Norberto Oyarbide recitará a su madre en cada programa de tevé cada vez que le pregunten por ella. Cuando la entona, también la actúa y se quiebra. Carmencita quería un ataúd de lujo y cerrado, las rosas blancas y el champagne. Y quería, también, que su hijo vistiera con ese traje que ella ya había separado. Y Oyarbide cumplió. La madre murió en 2006, a los 96 años. Vivieron juntos hasta su último día.

“A mí no se me ocurriría preguntarles qué hacen en un cuarto con otra persona”

Es el año 1998. Norberto Oyarbide está acorralado por la prensa. Es un escándalo: trampolín mediático y salida exigida del clóset. Han circulado unas imágenes de un circuito privado de cámaras de seguridad: Oyarbide, juez federal, estuvo en el prostíbulo Spartacus. Han circulado versiones: el juez paga por los servicios de los trabajadores sexuales, en aquel momento llamados “taxi boys”. Y hay una denuncia: Oyarbide recibiría entre 10 y 15 mil dólares por mes para “proteger” el lugar de posibles allanamientos.

Entonces Oyarbide, frente a los micrófonos que por poco le pegan en la cara, dice: “En lo que hace a la imputación de la conducta sexual que ayer mereció distintos comentarios, quiero señalar que a mi no se me ocurriría preguntarles jamás a ninguno de ustedes qué es lo que hacen en un cuarto con otra persona…”. Pero los diarios, la televisión y la radio no se ocupan de otra cosa que no sean las sábanas del juez ni su identidad y orientación sexual. 

Entra en escena televisiva Luciano Garbellano, a quien los medios señalan como taxi boy pero él se asume empresario y dueño de Spartacus y dice esto: “Yo ponía el dinero y Oyarbide la gran capacidad de protección que tenía”. En la edición del domingo 30 de agosto de 1998, el diario Página/12 titula en tapa: “El Padrino”. La bajada adelanta información exclusiva que vincula a Oyarbide con “el mundo de la prostitución femenina en Capital Federal”

Las imágenes que ubican a Oyarbide en Spartacus las difunde Mariano Grondona en su programa Hora ClaveGrondona justifica la difusión: explica que lo hizo para mostrar "la evidencia de que este señor estaba ahí" y agrega que "si un particular va a un lugar ilegal, no tiene la obligación de denunciarlo, pero Oyarbide era un funcionario público, y debía hacerlo". En el programa de Joaquín Morales Solá, Bajo Palabra, Oyarbide dice que la difusión del video le genera "daño infinito que no tiene retorno" y que alientan la "posibilidad" de renunciar a su cargo. No había redes sociales, sobraba talk show.

Por el caso, Oyarbide enfrentó un juicio político que, por entonces, se dirimían en el Senado. Y el juez tuvo “un golpe de suerte”: necesitaba dos tercios de los votos, pero justo ese día faltaron varios senadores porque la audiencia fue el 11 de septiembre de 2001, día del atentado a las Torres Gemelas. El juez fue confirmado en el cargo. Fue la astucia, el azar o un estilo muy personal: Oyarbide logró permanecer. Seguramente ahora descansa en algún sauna celestial


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