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Expatriandos: no ser de aquí, ni ser de allá.

Por Diego de Alzaga | Volver a casa para quedarse después de una temporada expatriado es sentirse pletórico, creer que no hay nada impos...

Por Diego de Alzaga | Volver a casa para quedarse después de una temporada expatriado es sentirse pletórico, creer que no hay nada imposible, llenar de aire los pulmones, relajado, sin dificultad para respirar. Es alegría, energía, un subidón constante. Son abrazos a destajo, fiestas continuadas de bienvenida, cenas, asados, salidas, reencuentros y una placidez que atonta. Normalmente, cuanto mayor haya sido el tiempo fuera y la distancia, mayores serán estas sensaciones.
Igual que mayor será el golpe de realidad sorprenda a un expatriado retornado, aunque lo haga por poco tiempo como es mi caso. Los expertos lo llaman Choque Cultural Inverso. "Creo que no hay realmente una manera de describir este sentimiento a quienes no lo han vivido. Es como una caída libre, como flotar sin rumbo en unas aguas tranquilas. Te sentís continuamente fuera de lugar, y eso que yo me sentía así hasta no hace muy poco en donde resido actualmente que es en Madrid.

Me fui de Buenos Aires hace unos 6 años pensando que tal vez fuera temporario. Soy tripulante de abordo, por esa época tenía muchos problemas en la empresa en la que trabajaba en Buenos Aires, (Aerolíneas), tomada por la facción política de la Cámpora, para quienes no sean de Argentina es un grupo fundamentalista que se podría decir kirchnerista-peronista-de izquierda ¿? al que si no le sos funcionalmente afín hacen todo lo posible para expulsarte. Cuando comprendí mi situación, rápidamente empecé a buscar otros horizontes, mi pareja ya estaba viviendo en Madrid, así que amplié mi radio de búsqueda y pude encontrar otra aerolínea internacional, que me ofrecía trabajo con base en esa ciudad. Paradójicamente mi último vuelo para Aerolíneas fue el primer vuelo de CFK como ciudadana común en su vuelta a El Calafate, yo pensaba que las cosas se daban por alguna razón. 
La despedida en España con amigos que dejamos y siempre esperan... 

El sentimiento de expatriado retornado comienza cuando sentís (en tus carnes, como dirían nuestras abuelas) que la vida ha seguido mientras vos no estabas. Era obvio, por supuesto. Sin embargo, hasta ahora, no te afectaba. No vivías el cambio de costumbres y rutinas, el cierre de los bares de siempre, discos, saunas, (y vaya que cerraron) o la aparición de palabras como casamiento, hipoteca, divorcio o separación en el vocabulario de tus amigos. Y vos, que aparentemente estabas en casa, donde todo iba a ser fácil e ir rodado, te encontras con que, desaparecida la euforia inicial, tenes que comenzar el proceso de readaptación a una vida, que creías la de siempre, pero que resulta ser todavía más nueva que la que acabas de dejar atrás. Una cosa debe ser volver a cualquier lugar, pero otra muy diferente hacerlo a la Argentina. Los argentinos competimos por ver a quien le fue peor, tenemos esa mezcla italo-castiza que no tienen los originales. Los españoles con los que convivo, ya han pasado tres guerras y saben que si la cosa está mal hoy mañana va a mejorar, si un gobierno roba se lo saca del poder o se lo castiga y no vuelve, no entienden como nosotros los volvemos a votar. 

Cuando veían en España el frenesí por la vuelta del kircherismo mis amigos españoles me decían como si vieran "The walking dead" o alguna novela de ciencia ficción: NO JODAS TIO, ESTOS VUELVEN?

Acá parece natural. Pero por otro lado escuchamos todas las penurias que se viven por este, por el otro, por el anterior, POR SIEMPRE. Porque para el ojo del que retorna Argentina está, estuvo y estará mal por los siglos de los siglos, AMÉN. Es una forma de vida. 
Asados pileteadas, charlas interminables, tragos, mates y mas charlas,
se nos pasa el tiempo volando... 

Con mi pareja fantaseamos con volver hace un año, pensábamos en instalarnos nuevamente en Córdoba de donde somos. TODA NUESTRA FAMILIA NOS DECÍA QUE NO VOLVIÉRAMOS!! Todos los amigos, los que iban a visitarnos nos contaban las vicisitudes que tenían que afrontar para sobrevivir en Argentina, porque a pesar de internet y las vías de comunicación moderna, algo se nos perdía. Poco nos duró el EFECTO RETORNO.

No nos dimos cuenta que nos habíamos vuelto extranjeros de nuestro propio país. 
Cuanto mayor haya sido el tiempo fuera y la distancia, mayor será la tarea de reconstrucción y el riesgo de no sentirte nunca como en casa. "Si te quedas mucho tiempo [en tu país de acogida], nunca puedes volver a casa. Te vuelves un extranjero permanente, nunca lo suficientemente local y nunca satisfecho en casa"
Con mis hermanos y mi marido organizando el proximo encuentro, acá o allá, creo que el lugar ya no importa... 
Así que, ahí estás vos, intentando entender cómo es posible que la sensación de que todo sigue igual conviva con la realidad de que todo ha cambiado, incluido vos. "Vivir en otro país te cambia para siempre. Nunca serás el mismo y nunca verás las cosas de la misma manera", me dice mi analista, (al que recurro semanalmente vía internet, es argentino. Intenté con españoles, pero no me dieron resultado).

Tempus fugit para todos, y los cambios que implica el paso del tiempo, los aprecias más en los que se quedaron y ellos en vos, que te marchaste. De hecho, muchas veces esperarán que te comportes como siempre habías hecho. En muchos casos tanto mi pareja como yo nos quedamos callados cuando nos plantean alguna situación porque si les damos nuestro punto de vista sin reparos generalmente nos terminan diciendo que es nuestra mirada libre de toda la "coyuntura de la Argentina" porque nosotros "tenemos la suerte de vivir en Europa". Aprendimos a callar.


Entre tanto desconcierto, búsqueda de sitio y más bajones anímicos de los que te esperabas, un día te descubres pensando con nostalgia en esa ciudad que dejaste atrás. En mi caso Madrid.
Yo he viajado muchas veces a Buenos Aires, porque es ruta de la aerolínea para la que trabajo ahora, pero vengo por días y a veces por horas. Mi marido en cambio es la primera vez que viene luego de haberse ido de Argentina hace ya 9 años.
Este es nuestro primer viaje como matrimonio al país y teníamos muchas expectativas, algunas se cumplieron y otras no. Volvimos a los lugares que supimos visitar cuando éramos jóvenes y  completamente argentinos, pero muchos ya no están. ¡Teníamos tantas fantasías!

Ahora estamos contando las horas para volver a nuestro país España, a nuestra realidad, a nuestra calmada vida, con nuestra calmada sociedad, porque nos dimos cuenta que también perdimos el training que tienen los argentinos para poder soportar la realidad cotidiana que deben afrontar día a día. 

Mi analista me tiró una frase a la que recurro mucho es estos días: 

Ya no me hago la pregunta de si algún día volveré a tener la sensación completa de un hogar. Ahora me pregunto cómo puedo sentirme en casa en el lugar en el que estoy en este momento, con estas experiencias, encontrando, así, en cada momento la forma de volver a casa.

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