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Otra historia de amor. Cuando un hombre conoce a otro hombre

Por Ale Kleinebesty | Mi tía Angélica era de esas mujeres que en los '70 no solo practicaba yoga, sino que vivía en Mendoza en una chacra con desniveles y alfombras, leía con un grupo de mujeres modernas como ella, autores franceses e ingleses; tomaba tés raros, en hebras, sin importarle ser la comidilla de la sociedad mendocina. Se teñía el cabello de color "champaña". Se podría decir moderna, progresista y adelantada. En su hoja de vida, contaba con un matrimonio que declinó, según se cuenta, por el alcoholismo del que era su marido, y luego sostuvo una convivencia con un técnico de aire acondicionado 15 años menor -¡si como lo leen!-, situación que con lo exuberante y llamativo de su cuerpo, hacía una mezcla letal para una familia tradicional del interior, como la mía. Mi madre -decía de su cuñada- que había nacido adelantada para su época.
De su boca solo salían cosas extravagantes -de mujer inconveniente- Según la mirada de sus contemporáneas.
En el barrio donde vivía, también lo hacían una pareja de muchachos, que cada vez que ésta se los cruzaba, no dejaba de practicar su cinismo pueril preguntándoles en voz baja: y... "¿quién hace hoy de mujer?". Ellos reían, cómplices y prometían enviarle una porción de torta de la ultima receta que habían practicado o reunirse en breve a tomar un té. 
Mucho más tardíamente, otra Angélica, vecina mía cuando vivía en Recoleta, una de esas mujeres solteras de familia de abolengo desvencijado, amiga de artistas, con buenas alhajas pero ya poco dinero-, que conocía a todo el mundo, pero que el mundo desconocía, sostenía como un dogma que: todo marica/manfloro, tenia un camisón guardado en el placard.
Estas mujeres “angeladas” no podían ver al mundo por fuera de lo heteronormado. No importa cuál sea el sexo de los parteners: en una pareja tiene que haber un lugar hombre y otro mujer. Como eran modernas, ya no hacía falta que esas posiciones se correspondiesen necesariamente al sexo que los habitara, pero sí tenían que existir esos dos lugares. Incluso ambas tenían muchos amigos gays, y tenían especial predilección por “las pasivas” de las parejas, para hablar, para levantar los platos, para pasarse recetas, o para hablar de la novela. Todo lo que hubieran hecho con la “mujer” de una pareja hetero. En muchos casos escuchaba a ambas terminar conversaciones con el consejo de “dejar que el marido (él que hacía de hombre) hiciese lo que quisiese, total los hombres solo quieren "eso", sobreentendiendo que "eso" eran los débitos conyugales.
El amor no puede ser entendido de otra manera. Como el lenguaje que regula al mundo en masculino o femenino.


Cuán difícil es pensar otras formas posibles de amor de aquellas en las cuales el amaneramiento femenino y/o masculino, hace más tranquilo la estandarización hetero” inclusive de una pareja de ciudadanos de un mismo sexo biológico. En la estereotipia del marica o de la torta, se hace más distante la inquietud acerca de la propia posición en el amor, en lo erótico. Conserva el carácter hetero. Esto hace pensar que la atracción entre dos personas de sexos distintos, aparece garantido por la genética, la naturaleza o Dios pura apariencia, ya que se necesita de una legalidad que lo establezca, que no contradiga las leyes sociales; no cualquier hombre puede estar con cualquier mujer según, por ejemplo, la ley que establecen sus lazos sanguíneos- y por lo tanto, todo aquello que no cumpla con esa lógica, se supone ilegal. Como si no hiciese falta, también en ese caso, el atravesamiento de cierta construcción de la posición erótica como cualquier hijo de vecino. No se da per sé. Es el infierno de la construcción de un cuerpo. 

Con mi tía vi el otro día una película de antología del cine argentino LGBT, "Otra historia de amor" dirigida por Américo Ortíz de Zarate y protagonizada por Arturo Bonin y Mario Pasik. 

Se quedó encantada con la trama, la actuación de los protagonistas y de la inefable Nelly Prono que hace el papel de la tía que recomienda y apuesta siempre por el amor y las segundas oportunidades. De alguna manera creo que se sintió identificada con ella.  Todo le pareció muy lindo, pero en un momento noté algo de decepción en su mirada, de incomprensión hacía el final del film, y luego de unos minutos de haber terminado, mientras tomabamos un té, me preguntó confundida: pero… ¿quien era la mujer?

Fue más fuerte.


https://www.dambiente.com/search?q=ale+k

Comentarios

Angel dijo…
ja. No entendió nada la tia. Muy buena percepción del tema, parece que todo debería ser encasillado en femenino o masculino. Los abismos generacionales a veces son muy cómicos!
Gerónimo dijo…
Aunque tratemos de hablar para TODES hay una resistencia en el entorno LGBT donde todo se vuelve activo o pasivo...
Eduardo dijo…
Cuantas de esas tías hay!! Tengo una que adoro, que cada vez que me veía me preguntaba por una novia, que obviamente no tenia. Una vez me animé y le conté que era gay, que no esperara de mi que le presentara "una buena chica para que fuera mi esposa", siempre me repetía eso, pasado el tiempo que le duró el susto por la noticia, empezó a preguntarme si había conocido a alguien y que dada la edad que tengo, ya casi 40, estaría bueno que buscara "un buen muchacho" que me espere con la comida lista cuando venga de trabajar, "se encargue de mis cosas" y comparta la vida, porque no es bueno que el hombre esté solo. Asume que el que la pone soy yo, y aquél que comparta la vida conmigo, será un varón con funciones de dulce esposa. La banco porque la adoro, y porque me hace reír mucho con sus planteos. Ella cree que son geniales!! Muy buena nota, excelente recuerdo de esa película, que vi con una pareja que tenia 10 años mayor que yo y fue quien me introdujo en el cine de temática.

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