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¿Los gays manejamos mas dinero que los heterosexuales?

Por Ale K | Jamás me gustaron los estereotipos. Creo en mi realidad: Soy gay, tengo trabajo, cobro un sueldo que me permite pagar las facturas y hasta darme algún gusto al año, trabajo en una empresa gay friendly y tengo pareja estable. ¿Cuántas personas responden a mi perfil? No lo sé pero sé que soy afortunado. Hace menos diez años nadie había oído hablar del ‘dinero rosa’, hoy en día es una realidad que no se puede obviar. Y sé que la gente que ya no tiene que esconder su tendencia sexual en un armario, por miedo a represalias o al despido, es importante dentro de las empresas y puede hacer mucho por otros que aún no tienen voz. Y si no que se lo digan a los trabajadores LGTB de Google y Microsoft. Gracias a ellos, las compañías lograron acercar posturas este verano. 

También pienso que la creencia de que el ambiente homosexual representa un segmento de alto poder adquisitivo no es cierto. Con la situación que atraviesa el país, en mi círculo de amistades gays hay de todo: pobres, por debajo de los $17.000, enganchados a la economía sumergida, emprendedores que tratan de levantar cabeza, avispados que saben aprovechar las oportunidades que se les presentan, autónomos que van tirando, profesionales liberales a los que les van bien en los negocios… La crisis no entiende de sexos aunque algunos sectores sean más sensibles a sufrir sus devastadoras consecuencias. La realidad es que este ambiente no es más pudiente que el heterosexual, sino que destina más dinero a sectores como el turístico o el de la moda que responden, en mayor medida, a la sociedad individualista que vive para sí misma.

Lo que se conoce como 'Pink Money' o también llamado 'Dorothy Dollar' ha dejado de representar un mercado marginal y se ha convertido en una industria próspera en poco tiempo. 

Ahora, muchos negocios –restaurantes, clubes, aerolíneas, agencias de viaje, spas, hoteles, canales de televisión, librerías, marcas de ropa o de coches – atienden específicamente a homosexuales o llevan a cabo campañas de publicidad dirigidas a esta clientela, no en forma exclusiva. Si algo enseñaron los ‘90’s es que lo mejor no es encerrarse en el guetto.  Algunos miembros de la comunidad LGBT apoyan a compañías que son percibidas como gay friendly (ya sea por aplicar estrategias como las que acabo de mencionar o por otorgar beneficios de seguridad social a sus empleados LGBT y a sus respectivas parejas), por ejemplo las de aviación, se me ocurren ahora Delta air o American Airline mientras que rechazan o incluso boicotean a empresas consideradas anti-gay, por ejemplo: Banco Macro o Banco Provincia.


Los siguientes tips definen la relación de los gays con el dinero:


-La filosofía de los gays ‘asimilacionistas’. Usan su dinero para comprar aceptación en una sociedad de consumo. Son las principales víctimas de grandes despliegues publicitarios. Por lo general, a los gays nos encanta gastar y estamos en una sociedad consumista que nos invita a comprar. Muchas empresas llevan a cabo campañas de publicidad dirigidas a captar esta clientela, aunque el producto o servicio sea el mismo. Son los portadores de la cultura gay por excelencia: se debe comer en le lugar “tal”, hacer la previa solo en “tal” y el alter únicamente en “XX”. Lo demás es grasa.

- Los ‘A-gays’ o gays de clase A. Suelen llevar lujosos estilos de vida, adornados con símbolos de superioridad. La mayoría de ellos son sinks ‘single income, no kids’ (sueldo sin hijos) o parejas dinks, ‘double income, no kids’ (sueldo doble sin hijos), e inyectan grandes cantidades de dinero en la economía.

- ‘Gay viajero’. Somos clientes fieles, nos gusta descubrir nuevas experiencias y gastarnos el dinero en viajes (cuando lo tenemos). Así solemos ser los gays. El segmento gay del turismo crece y en DAMBIENTE les hemos dado algunas ideas de los destinos más HOT del mundo, que la mejor guita invertida es en viajes.

- Tendencia al ‘fashionismo’. Es lo que el periodista Reichen Lehmkuhl, de la revista especializada en nuestro sector “The Advocate” llama la habilidad de muchos gays para hacer que todo en su vida se vea fabuloso. Dice que esto puede derivarse de un mecanismo de supervivencia que desarrollamos desde pequeños ante el rechazado, el miedo a que nos ridiculicen o a que seamos minimizados. Crecemos tratando de evitar que esas experiencias se repitan.

- ‘Si nos tienen en cuenta, es que somos importantes’. Cada vez son más las marcas que se fijan en el colectivo LGTB. ¿Por algo será? Pero no sólo somos importantes como compradores sino también empezamos a ser reconocidos dentro de nuestras propias empresas.

- ‘Soy papá’. Por lo general, los gays suelen disponer de más poder adquisitivo por carecer de hijos pero está claro que los homosexuales que deciden tenerlos es porque lo sopesan y se lo pueden permitir. Por razones de biología y hasta que la naturaleza no nos permita embarazarnos de forma natural hay muchas alternativas: adopción, subrogación… Todas son caras. Pero en este punto también me quiero detener, es que he notado que aquellos que optan por adoptar o subrogar vientre no lo hacen como un placer narcisista sopesan otras cosas al momento de ser padres, como el hecho de estar ya ubicados económicamente. En general es algo que no ocurre en las parejas heterosexuales, donde la llegada del crío no siempre está en sintonía con la economía del hogar. Y así muchos hijos terminan subsidiados, y subestimados. Una pareja gay en situación de carencia se plantea directamente no tener hijos, si es que antes se hubiera planteado o hubiera fantaseado con la paternidad.

En el terreno laboral hemos dado varios pasos adelante pero todavía queda mucho camino por recorrer hacia la igualdad y la visibilidad. Paso a paso.

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Comentarios

Mariana Cabrera dijo…
Interesantísimo. La crisis económica atraviesa a todos los individuos y las estrategias comerciales suelen concentrar sus comunicaciones en segmentos específicos.
Pensaba también en una categoría muy usada en publicidad hace apenas diez años atrás: DINK -double income, no kids-. Categoría que aún pareceria sobrevivir, pero a la cual le auguro poca vida.

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