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Festivales: crítica de “Weldi/Dear Son”, de Mohamed Ben Attia (Cannes/Pingyao)

El director tunecino de HEDI logró rápidamente realizar una segunda película que sigue en muchos sentidos los lineamientos de la anterior, aunque toma distancia en otros. DEAR SON se presenta tan como un drama familiar en el que se tensionan y dificultan las relaciones, en este caso, entre padre e hijo, pero a ese tema, el realizador le agrega un costado político de actualidad.


Riadh es un veterano trabajador portuario quien, junto a su esposa Nazli, está muy preocupado por la salud de su hijo adolescente, Sami. El chico tiene severas migrañas y se lo ve callado, retraído, alejado de todos y de todo, tanto en su casa como en la escuela. Si bien las consultas médicas y hasta psiquiátricas que hacen (que aparentan ser toda una rareza allí) les dan a entender que sus severos dolores de cabeza están relacionados con un importante examen que debe rendir y que le permitirá recibirse, ellos se desviven por encontrar una solución. Pero no parece haber caso: Sami sigue sintiéndose mal.


Una compañera de trabajo de Riadh (un excelente aunque breve personaje femenino llamado Sameh) tiene ideas más “carnales” respecto a lo que puede estar sucediéndole al chico. Y si bien por ahí no parece estar la solución, ese personaje sirve para tener una visión muy distinta del tipo de cultura musulmana (más abierta y reformista, menos tradicionalmente religiosa) en la que viven. Y, a la vez, para de cierto modo entender lo que sucede después. Lo único que se puede adelantar sin revelar demasiado es que un día Sami desaparece dejando una nota explicando adónde fue. Y el padre toma como misión encontrarlo como sea y hacerlo regresar. Y en su segunda mitad la película se centrará en esa búsqueda, una que explica muchas cosas que se vieron antes.


A diferencia de la más social y familiar película anterior, aquí Ben Attías entra en pantanosos terrenos políticos, que maneja sin tanta sutileza como lo previo. El drama familiar, y los diferentes modos de ver las cosas entre padres e hijos, están bien delineados, aunque en esa segunda parte la película se vuelve un poco más tópica y previsible. Sobre el final, sin embargo, el realizador propone una suerte de vuelta de tuerca/sorpresa que revela ser tocante y sutilmente conmovedora.


DEAR SON es una más que interesante exploración en la relación que distintos habitantes tunecinos tienen con la religión y el peso que eso tiene en sus vidas. Pero más lograda que las contrastadas visiones sobre ese tema es la manera en la que Ben Attia, como lo hacía en su película anterior, plantea las relaciones familiares en función de los distintos y muy contrastados intereses o formas de vida que eligen padres e hijos. Más allá de las poderosas y fuertes especificidades de lo que sucede en esos países especialmente en estos años, esos temas son universales y eternos en cualquier país y cultura.


(La película, que participó de la pasada edición de la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, será parte de la competencia del Pingyao Film Festival que comienza el 11 de octubre en China)


 


 


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