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Festivales: crítica de “Teret/The Load”, de Ognjen Glavonić (Cannes/Pingyao)

La opera prima de ficción del director de origen serbio toma el mismo tema que su documental anterior, DEPTH TWO, para narrar hechos horrendos que tuvieron lugar durante 1999 cuando la OTAN comenzó un bombardeo en Kosovo. Pero en lugar de narrar el ya clásico drama de familias separadas y muertes cruentas de manera directa y en un estilo convencional y más cercano al gusto hollywoodense, el director prefiere llevar al espectador en una suerte de aventura/road movie que tiene varios paralelos con el clásico francés EL SALARIO DEL MIEDO, de Henri Georges Clouzot, aunque en un modo más sosegado y reflexivo.


El film cuenta un día en la vida de Vlada (Leon Lučev), que se gana la vida como camionero, transportando materiales desde Kosovo a Belgrado. Como indican las reglas de este tipo de relato, es un hombre un tanto hosco y solitario que no pregunta qué es lo que debe llevar (la parte de atrás de su camioneta está cerrada y no puede abrirla) aunque es claro, por las indicaciones que le dan de no desviarse de la ruta ni contactar con nadie, que no debe ser algo del todo legal.


El problema es que la ruta a Belgrado está cortada y Vlada debe desviarse, lo cual lo obliga a atravesar situaciones imprevistas, encuentros con la policía y hasta la decisión de subir al coche a un adolescente que hace auto-stop y que se está yendo a Alemania con el deseo de empezar una carrera musical allí. Hasta su última etapa, la película no empuja las reglas del thriller y si lo hace es de un modo muy indirecto y sutil, prefiriendo seguir a sus personajes en un camino y una “misión” que se va percibiendo, con el correr de los minutos, como cada vez más peligrosa.


Glavonić toma decisiones formales que alejan a TERET del thriller: no hay banda sonora de suspenso, ni persecuciones y reinan los planos largos, las conversaciones mínimas o el más absoluto silencio. Uno de los recursos más curiosos e interesantes de la película es que su cámara por momentos se aleja del punto de vista nominal del relato —el camionero— para seguir tanto a su ocasional compañero de viaje como a otros personajes que se cruza por el camino, hasta algunos a los que sólo ve de paso como unos chicos que intentan robarle algo. Es una manera inteligente de dar a entender que más allá de la narrativa específica del protagonista, el drama se extiende a todos los que lo rodean.


Con un cielo gris y oscuro cubriéndolo todo y con la sensación certera de que tarde o temprano la aventura o la vida de Vlada sufrirán algún tipo de contratiempo (se da a entender que su mujer no está bien de salud además), TERET va construyendo un drama social y político con toques de suspenso que podría haber sido más intenso y potente desde lo narrativo pero que el director ha preferido manejar en un perfil más bajo y sutil jugando con el fuera de campo, lo que no se dice ni se ve pero se intuye. Y en un cine que suele ser cruento y miserabilista a la hora de contar este tipo de historias en el marco festivalero, esa parquedad se agradece. El film podrá no ser apasionante en términos de suspenso pero siempre es inteligente, sobrio y justo con sus protagonistas y con los espectadores. Y deja que sean ellos los que analicen, interpreten y saquen sus propias conclusiones respecto a los horrores de esa guerra y la participación (consciente o no, forzada o no) de sus habitantes.











 


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