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Cabaret con Flor Peña y Mike Amigorena. CRITICA

Por Lapo Lino | Esta apuesta de Cabaret, que adapta la de Sam Mendes en el West End, luego también llevada a Broadway en los ’90, al mítico Studio 54, con las mesitas y los veladores en vez de plateas cerca del escenario, lo hace como la versión que se vio en el 2007 en el Astral con Alejandra Radano/Karina K y Alejandro Paker. En relación con las anteriores también resulta mediocre. No sigue a la película de Bob Fosse que inmortalizó Liza Minnelli, con la que no hay que comparar.
No hay que confrontar porque no se puede equiparar ni la obra ni a Florencia Peña con Liza Minnelli, no sólo porque los medios son distintos y la estadounidense es una estrella de la canción, y actriz, y nuestra compatriota se destaca en la actuación, y brilló, sí, en la comedia musical, como en Sweet Charity.

Y si el centro, lo troncal de la obra se mantiene -un novel escritor estadounidense llega a la Berlín previa a la toma del poder por Hitler y conoce a una cantante inglesa en el Kit Kat Klub, el cabaret del título-, la pasión, la emoción que debiera transmitirse desde el escenario no siempre baja a las mesitas, los confortables sillones -y las plateas al fondo- del reacondicionado teatro Liceo.

Será la adaptación, que ha cortado momentos y canciones, abreviado otros -la dueña de la pensión ya no recibe la fuente de cristal de regalo, con su simbolismo, vaya esto solamente para marcar un cambio dramático, pero hay más-, la obra no supera los 105 minutos y también han sacado el intervalo entre el Acto I y el II.

No es que los intérpretes, la mencionada Peña y Mike Amigorena, el maestro de ceremonias, estén mal. ¿Lo están? No. Están bien, pero no logran llevar, elevar el drama de los personajes a un nivel en el que lo que les sucede en la obra llegue a tomar empatía con el público en un grado elevado, superior, eminente.


Con dirección artística de Alberto Negrín y actoral de Claudio Tolcachir, y una producción que deslumbra, Amigorena se atreve a mucho más que lo que hacía Alan Cummings en escena: bailotea muy bien tap, toca el acordeón, pero Emcee es más que un presentador. Resume en distintos momentos de Cabaret el sentimiento y a los personajes de la Alemania prenazi. No dar más preeminencia a los alemanes saca espesura dramática. En la obra Emcee tiene una presencia escénica fundamental, y Amigorena aquí no la tiene.

Florencia Peña está mucho mejor cuando actúa que cuando debe entonar. Su modo de cantar, mas gritado que entonado, en la versión de Cabaret le resta efecto al tema en si mismo, restándole matices. Todo el tiempo estallado, desluce el drama de ese momento del musical.
Mike Amigorena, el maestro de ceremonias no logra llevar, el drama de su personaje a un nivel en el que lo que le sucede en la obra llegue a tomar empatía con el público 

Otro tema es Juan Guilera, surgido de la cantera de Cris Morena, quien no ha podido dar con el personaje, y más que interpretarlo recita sus textos. Serán los nervios de las primeras funciones.

En el muy buen ensamble (seis mujeres y dos hombres, a diferencias de otras puestas), se destacan nítidamente Cynthia Manzi como Rosie, curiosamente es la esposa de Karina K en la vida real, Flor Viterbo (Frenchie) y Mariano Condoluci (Víctor).

Alejandra Perlusky y Graciela Pal hechizan en sus participaciones componiendo a Fraulein Kost y Fraulein Schneider, habitantes de la humilde pensión en Berlín. Perlusky es efectiva en su humor y contundente cuando canta junto a la orquesta mientras Pal (maravillosa) consagra su amor bailando con Enrique Carnoglio (Schultz).

El vestuario de Renata Schussheim, la escenografía de Negrín y la dirección musical de Gerardo Gardelín son puntales en este Cabaret, que está bien, que es un musical irrompible como Chicago o A Chorus Line.


"Cabaret" Regular 

Libro: Joe Masteroff. Dir. artística: Alberto Negrín. Dir. actores: Claudio Tolcachir. Con: Florencia Peña, Mike Amigorena, Juan Guilera, Graciela Pal. Duración:105’. Sala: Liceo. De: miércoles a domingo. Entradas: de $400 a $2.000

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