De la ultima vez que la vi a esta parte han pasado muchas cosas, tantas que no tengo ganas de escribirlas en este momento. Lo que si es claro es que hoy no estaba bien cuando nos vimos y ella lo notó. No es que tampoco tuvo que sacarme la información con tirabuzón ni con medida cautelar, solo que me sentí en confianza y le vomité todo lo que me ocurría. “Doc, no me siento bien, eso pasa” fue lo que le respondí después del, “¿y, como has estado este tiempo?”

¿Qué me motiva a escribir esta vez? La verdad es que escribir en un medio en que te leen otros es una tarea doblemente desafiante; debes ser capaz de escribir algo para que vos y el otro te entienda lo que quieras decir y a la vez, que entienda lo que quieres expresar. De hecho, el sentarte a escribir un texto, cualquiera, para un otro, es una tarea desafiante per se, el solo hecho de decir que querés expresar a, b o c y que el otro se entretenga, conmueva, empatice o bien critique de mala manera lo que escribes ya es un resultado satisfactorio que todo el que escribe busca. Pero, ¿qué me motiva a escribir esta vez?

Hace unas semanas leí a una persona que decía que tenía su jubilación ganada con tanto puto que anda teniendo sexo de forma irresponsable, contagiándose y contagiando a otros, no solo de HIV sino de otras ETS que pueden ser incluso más invasivas que el mismo virus. Puede que haya estado afectado por mi animo pero en ese momento mi cara se puso caliente ya que no todos los putos andamos teniendo sexo de forma irresponsable cuando nos hemos contagiamos; en mi caso, el haber sido irresponsable no fue más que la secuela de tener una mezcla bastante explosiva entre bordeline y bipolaridad. Si, ambas son excesivamente explosivas separadas, juntas son una bomba de hidrógeno que al menor movimiento se activa y no sabés en que momento la guerra comenzará. Eso te lleva a hacer (de forma irracional cuando no estas tratado y medicado) muchos actos de los cuales te arrepentís después, como hechos de violencia, insultos, abusos de sustancias, experiencias límites y sexo desprotegidos, porque crees que de esa manera, tus vacíos se llenaran de alguna manera (como si los vacíos se llenaran con más problemas). Leía en algunas oportunidades a unos que se creen que tienen el cielo ganado una expresión como “querete, cuidate el cuerpo”, alguien, cuando no está fuera de foco, lejos de su centro es capaz de quererse? Una persona, que sufre de algún tipo de patología crónica psiquiátrica y que no se da cuenta que la tiene, ¿pensás que anda pensando en quererse cuando lo que anda buscando es destruirse?

¿La pasé excelente teniendo sexo de esa forma? Excelente! Conocí casi todas las teteras de Buenos Aires e incluso en el monoambiente en el que viví organicé alguna vez fiestitas donde la pasábamos genial; no fui a la Reserva Ecológica porque soy perezoso para ir a ciertos lugares, pero los demás los conocí casi todos. ¿Quise tener pareja? también quise tener novio y tuve dos intentos allá; uno con un oso divino, Martín, que debe estar con algún chongo porque, al mes que nos dejamos de ver ya estaba de novio con otro y un flaco de Moreno con el cuál las pizzas y las escapadas de capital nos hicieron volar la cabeza y creer que seriamos el uno para el otro el resto de la vida. ¿Quise hacer mil y una cosa a la vez? También lo quise hace, de hecho las hice, ni se como las energías me alcanzaban para tanto y hoy no hago ni el diez por ciento de todas ellas. Estudiaba, laburaba, tomaba fotos, escribía, jugaba rugby, iba al gimnasio, salia a cenar, corría, viajaba… dormía poco y era “feliz”. Pero estaba siendo irresponsable y no lo quise asumir.

Hay muchos (en su gran porcentaje) que tienen sexo sin protección por el solo hecho de que no les gusta el condón, el sabor, la sensación, la textura, el color, el envase, el día, la hora, cualquier cosa. Pero yo no necesitaba usar condón para la chota, necesitaba un condón para mis sentimientos. Nunca me di cuenta que estaba en crisis y que esa crisis, ese golpe de energía diciéndome “pará y pedí ayuda” me la iba a cobrar más temprano que tarde.

Hoy me encuentro indetectable; he tenido en el lapso de tres años solo dos episodios donde mis análisis salieron irregulares, más que nada por estados estresantes propios de la facultad o búsqueda de laburo pero ahora es distinto. Bueno, en un momento fue porque con mi ex novio estábamos discutiendo mucho (demasiado) y eso provocó que anduviese llorando como una adolecente por todos lados. Pero esa es otra historia.

En medio de la consulta con la doctora Norambuena me miró y me dijo “vos aún tenés que hacer el duelo de tu HIV, es un tema que aún no lo tenés superado porque tus miedos, tus problemas, tus faltas de sueños, el que te hayan expulsado del rugby, el que hayas perdido a tus amigos y que te hayas vuelto un tipo más tímido, introvertido, con miedo, es resultado del HIV”. Quedé en silencio y dejé que ella hablara.

Espero que la próxima vez que alguien diga que tiene la jubilación lista por la irresponsabilidad de muchos la piense dos veces y vea que detrás de cada caso hay una persona y que habemos (yo) algunos que tenemos esas heridas aún abiertas, porque yo aun no me perdono de lo que hice pero tampoco perdono que entre nosotros mismos nos discriminemos y me hagan sentir que me tengo que envolver en un envase de termopol para no contagiar a los demás, cuando lo que más rápido se contagia son los prejuicios, las soledades y el desamor; la medicación no cura esas enfermedades.

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