Soy de Bolivia, tengo 25 años y siempre supe que me gustaban los hombres, desde muy chico, todos lo saben, menos mis papás, quiero decirles pero no sé cómo, no sé cuándo es el momento oportuno, vivir así ocultándoles que soy gay no me deja vivir mi vida plenamente, quiero un socio para compartir la vida, pero no puedo porque no quiero decepcionar a mis papás, tengo miedo, sé que no soy el primero que le pasa esto, ¿qué hago? Sé que la SOLUCIÓN es hablar con ellos y contarles que tienen un hijo marikita, jejeje, pero no es fácil afrontar esa SITUACIÓN, ya no aguanto más.

Buscando respuestas:

El primer paso que hay que dar para vivir una vida plena es “salir del armario”, no es tarea fácil.

Tenemos un modelo heteronormativo y coitocentrico donde ser gay, está depreciado. Cuando tus padres, profesores, amigos, vecinos, y otras figuras dotadas de autoridad practican la homofobia y el heterosexismo, el gay aprende a ocultarse, a mentir y a tratar de hacen frente a una realidad que no es la suya, puede que ocultarse sea una reacción inteligente por su parte, porque salir del armario puede traer consigo consecuencias dolorosas. A menudo, los gays debemos fingir algo que no somos; tenemos que tomar muchas decisiones, consciente o inconscientemente, sobre cómo enfrentarnos a nuestra homosexualidad. De como visibilizarnos. A los gays nos ponen un traje que no nos queda, pero faltos de valor muchas veces agarramos el camino inverso.

Lo que hay que tener en claro es que no hay nada malo en vos, que no tenes porque sentir vergüenza de vos mismo. Lo que hay que pasar son 6 fases claras para “salir del armario”:

– Primera: Confusión de la identidad. Visualización primaria. Durante esta fase, un hombre empieza a comprobar y a reconocer que se siente atraído sexualmente por otros hombres; no se considera ni remotamente gay, sino que siguen viéndose como heteros. No se trata de un papel que estén interpretando, sino que creen sinceramente que son heterosexuales. Es salir del armario ante uno mismo.

– Segunda: Comparación de la identidad. Un hombre empieza a aceptar la posibilidad de que tal vez sea homosexual. No emplea la palabra gay porque la asocia a un estilo de vida muy concreto, con algo totalmente “cultural”. Empieza a perfilar el “concepto”.

– Tercera: Internalización. Tolerancia de la identidad. La persona acepta la posibilidad de que sea homosexual y emplea la palabra gay para describirse a sí misma.

– Cuarta: Aceptación de la identidad. Es el paso de la simple tolerancia a la aceptación y la identificación de uno mismo como gay (descubre un nuevo sentido de pertenencia y busca la forma de encajar en la comunidad gay en su conjunto).

– Quinta: Orgullo de la identidad. Acepta totalmente su imagen, al mismo tiempo es consciente del rechazo que la sociedad siente hacía él.

– Sexta: Síntesis de la identidad. El gay empieza a comprender que no todos los heterosexuales están en contra de los gays.

Las seis fases son un proceso paso a paso, pero éste es distinto para cada uno.

En el conjunto de relaciones de nuestra vida, las familiares suelen ser las más intensas y estrechas. La mayoría de la gente quiere mantener la relación con su familia; en ella se halla consuelo, se tiene la sensación de estar a salvo al lado de personas que conocemos desde siempre. Normalmente son relaciones gobernadas por una gran lealtad. Sin embargo, con demasiada frecuencia, cuando alguien le comunica a su familia que es gay, se convierte en un extraño para ella. Piensa en el miedo a contar algo tan inesperado, considerado tal vez despreciable, que puede hacerte perder el apoyo y el respeto de la familia. Pero, paradógicamente, callar lleva a un gay a rechazar a su familia.; desean hablar, pero, comprensiblemente, tienen miedo.

Es normal tener diferencias con la familia; sin embargo, cuando no hay comunicación, los problemas son como una plaga.

Es imprescindible que te sientas bien con vos mismo, con tu condición de gay (pasar las seis fases anteriormente citadas), cuando comuniques a tu familia que lo sos. Si salis del armario antes de estar preparado, tu familia se puede aprovechar de tu ambivalencia y plantear dudas y preguntas problemáticas. Debes hacerlo cuando tengas confianza y seguridad en tí mismo y estés convencido de ser gay. Si no te comportas completamente como gay y tu familia se empeña en que te eches atrás, la batalla puede ser aún más larga. No es lo mismo preservar la intimidad que mantener un secreto. Hay cosas que no son asunto de los padres y deben permanecer en el ámbito de lo privado, pero ser gay no es una de ellas. Los secretos también contribuyen a que te sigas sintiendo avergonzado. Mostrarse abiertamente gay, tener confianza en uno mismo, implica hablar de ello con los padres, salvo en el caso de que puedan llegar a perjudicarte o abusar. NO estoy hablando de salir a la calle con una pancarta que diga en letras grandes: “SOY GAY”. Hablo de tenerlo en claro vos mismo. Cuando esta en juego la violencia o algún tipo de amenaza, entonces hay que protegerse. Asimismo, si dependemos de ellos y creemos que pueden abandonarnos, entonces es mejor no decirlo. En caso contrario, deja que la diferencia forme parte de tu familia, aun a riesgo de obtener una reacción adversa. A menudo, como en cualquier desacuerdo familiar, puede que necesites tomar un respiro. Si la familia necesita distanciarse, hay que dejarle espacio: será un acto de de amor y valentía por parte del gay. Cuando todos los lazos se han tendido y lo que encontramos del otro lado es violencia y toxicidad, tal vez sea necesario plantearse un corte con ese miembro o parte de la familia “enferma”, son ellos los homofóbicos, los enfermos, VOS NO.

No esperes hacerte un lugar bajo el sol si seguis refugiándote a la sombra de tu árbol genealógico. En muchos casos bien vale estar solo que mal acompañado.

Abrazo.

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