Uno de los juegos sexuales que más agradecen los hombres, sobre todo en Oriente, es que su pareja, da igual del género que sea, sepa estimular el punto G. En muchos casos lo llaman punto R o P por diferenciarlo del femenino, que se encuentra en la entrada de la vagina y que proporciona a la mujer un orgasmo muy intenso. Este es, si cabe, una zona todavía más controvertida y se halla en el recto del hombre, lo que implica que solo se puede estimular a través del ano.

A algunos les entrarán los siete males solo de pensarlo, pero si quieres tener una de las sensaciones más placenteras que jamás hayas sentido, debes al menos intentarlo. Los que lo han probado aseguran que es una zona llena de terminaciones nerviosas y que se localiza en la próstata, alrededor de la uretra y justo en el cuello de la vejiga. Al parecer, la excitación manual provoca un orgasmo mucho más grande y placentero del que se produce en el pene, además de una eyaculación de una mayor cantidad de semen.

De ahí que el masaje prostático, aunque siga siendo tabú, se haya convertido en una socorrida herramienta para obtener o, mejor dicho, multiplicar (al final no tenemos tantos problemas para alcanzar el clímax) el placer masculino. A veces, de manera externa, a través del perineo –la zona que se encuentra entre el ano y los testículos–, pero de manera mucho más sencilla, a través de la penetración, que puede llevarse a cabo de muy distintas maneras, según gustos, inclinaciones o preferencias. Hay que poner mucho de nuestra parte para creer que existe. Pero no tanto para disfrutarlo, se llame como se llame.

“Realmente se puede abrir una nueva vía de placer para los hombres si están dispuestos a probarlo”, asegura Susan Milstein, profesora y educadora sexual del Departamento de Mejora de la Salud, Ciencias del Ejercicio y Educación física en campus de Rockville de Montgomery College (Maryland).

Mientras que muchos hombres desconfían de esta estimulación prostática, las ventas de masajeadores han ido en aumento en EEUU, un 56% más en los últimos cinco años y particularmente entre hombres heterosexuales mayores de 45 años.

“Los hombres pueden tener orgasmos sin estimular el pene. La sensación que se produce en la próstata es de cuerpo completo y se siente un hormigueo muy diferente al que se tiene a través de la masturbación o la penetración.

En general, requiere más tiempo de calentamiento y energía, pero vale la pena”, comenta Chris Luke, educador sexual en The Pleasure Chest de Los Ángeles. Sigue estos pasos para intentarlo:

1) Preparándonos

Si lo vas a hacer tu solo, asegúrate de que tienes las manos limpias; si vas a tener ayuda de alguien procura que también esté bien aseado y de que sus dedos no tengan padrastros. Quizá lo más importante sea que “siempre se use lubricante, ya que el ano lo hace por sí mismo. Si duele algo en el recto, reduce la velocidad y pon más vaselina”, explica Luke.

Si tienes mucho miedo al dolor, existen lubricantes anestésicos que dormirán (o al menos un poco) la zona y harán que no estés tan tenso. Estar nervioso en esta situación lo único que hará es que el cuerpo se cierre en banda y dejes de internarlo.

2) Despacito, suave suavecito

Antes de entrar, empieza con un suave masaje externo en el perineo. “Toma tiempo para conocer tu cuerpo. Acuéstate de espaldas con el trasero encima de una almohada, levantando las caderas para facilitar el acceso. Comienza tocando la zona entre los testículos y el ano con la mano o los dedos. Aplica lubricante y frota la zona externa para estimular todas las terminaciones nerviosas”, dice Luke. De acuerdo con un estudio publicado en la revista ‘Cortex’, el cuerpo de un hombre y una mujer guarda un gran parecido en sus zonas erógenas.

Foto: iStock.

3) Explora la estimulación interna

Si el masaje externo ha ido bien y te has sentido a gusto, curva tu dedo e introdúcelo poco a poco (y lubricado claro) en el recto y hacia el ombligo. “Como a unos cinco centímetros deberías sentir tu próstata”, explica Chris. Es importante tener en cuenta que no tienes que ir más allá en un primer intento. “La gente piensa que debes empujar y meter toda la mano hacia arriba, pero no es así como funciona. Inserta un dedo unos centímetros y presiona hacia la parte posterior. Muévelo un poco, toca las paredes internas y aplica distintas presiones para ver qué te gusta más y dónde sientes mayor placer”, añade.

 4) Prueba con un masajeador

Antes de explorar estos aparatos, es posible que quieras probar con algún pequeño dilatador para que te acostumbres. “Si compras uno uno con la base más ancha, mejor, para que no se pierda por ahí y no termines en la sala de emergencias”, bromea Milstein. A los más temerosos hay que sacarles de la cabeza que esta situación no los llevará a cambiar su orientación sexual. No porque disfrutes de esta nueva zona significa que tu sexualidad sea otra.

Su estimulación no es una práctica homosexual exclusiva y se puede combinar con otras prácticas como el sexo oral, coito o masaje a zonas erógenas. El resultado de su estimulación es que “la excitación sea aún mayor y que se intensifiquen las contracciones pélvicas, magnificando su orgasmo hasta diez veces”, explica el doctor Ian Keller, especialista y autor de estudios sobre el punto G masculino.

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