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Mi abuelito bufarrón, desnudando almas.

Por Gabo Hunt | Mis padres murieron hace dos años en un accidente de auto en Córdoba, fue terrible en un principio, pero a todo se acostumb...

Por Gabo Hunt | Mis padres murieron hace dos años en un accidente de auto en Córdoba, fue terrible en un principio, pero a todo se acostumbra el ser humano, tengo dos hermanos que sufrieron esta pérdida a distancia –viven afuera-, pero la habrán penado en silencio.


Quedamos acá en Córdoba mi abuelo, padre de mi madre, 86 años en la actualidad, un buen tipo, que la sobrelleva como puede y que ahora vive conmigo. A él la pérdida de su única hija también lo afectó, lógico. Siempre dice aquello de que hay nombre para todo menos para la muerte de un hijo.

Así las cosas he notado que después de estos sucesos mi abuelo pasó de ser mi adulto mayor a mi hijo/hermano, siempre cómplices, giró –por llamarlo de alguna forma- su escala de valores para tratar de comprender mi vida. ¿Que quiero decir? Que por mi casa transitan hombres (en bolas a veces) y él los ve. Limitándose a un: “¿quiere un mate joven?” que mi partenaire de turno acepta entre rubores, risas y erecciones matinales.


¿Por qué hablo de estos cambios? Porque a partir de algo que pasó esta semana todo me cierra mejor, estábamos en Buenos Aires, donde él vivió de joven porque tenía que hacer trámites. Fuimos al ministerio adornado por las caras de Evita, por el norte y el sur en la calle 9 de julio, esperando un colectivo; me descerraja lo que sigue:

Vos tendrías que ir a investigar por allá por la estación de Constitución, seguro, te va a gustar, pero cuídate de los pungas…
-¿Como?
Seee, por allá en los baños, no sé ahora, pero cuando yo era joven por los ’40, los '50 siempre había algún manfloro que se agachaba y te hacía el favor…

-Yo estaba entre trémulo, pálido y … excitado, ¡curioso! queriendo saber más: por lo que solo tiré un –ajá-
Una vez conocí a uno que me llevó a su pensión ahí cerca, por la calle Garay, tenía una piecita modesta y nada espectacular, pero se podía estar bien… me acuerdo que ya solos y en cueros me dijo si cuando estuviéramos en la intimidad (la intimidad era tenerme adentro…) le podía decir al oído: “Gabriela”, que la tratara de “Gabriela” todo el tiempo. Yo que vivía taburado (al palo) todo el tiempo… le dije que si! Que ningún problema, me saboreaba la hombría como ninguna mujer lo había hecho nunca. Se me la tomaba toda…Con decirte que un día se lo propuse a tú abuela, que no era muy dotada en la cama y me dijo que si, pero cuando el trámite fue menester parecía que le había dado bosta en vez de lo mismo que habíamos usado para hacer a tú madre… terminó llorando sentada en la cama. Desolada. ¡Me dio tanta pena! Que nunca más se lo pedí, no me animaba. Ella era la madre de tu madre. Para eso estaba “Gabriela”, ella era gauchita.
-Mareado, el viento del sur me daba en la cara, pero me faltaba el aire. ¡MI ABUELO, gallardo y con una hidalguía suntuosa se confesaba "bi" y me lo estaba contando!

Pero Uds. los jóvenes… se creen que lo inventaron todo –seguía- antes se hacía pero no nos mandábamos ni vídeos ni fotos por el telefonito, como ahora. Nosotros salíamos a la calle a buscar… ¡y encontrábamos! Pero no te podías andar mandando la parte porque enseguida venían y te gritaban: “Bufarrón”.


Mirá Gabrielito con todo lo que nos pasó en la vida yo ya estoy más cerca del final del carretel que del inicio, lo que haya hecho ya no importa. Me gustaría irme dejándote feliz, casado con algún tipo que te quiera bien y que te cuide, porque sino te voy a dejar solito, (me despeinaba la cabeza, como cuando era chico...) y nos abrazamos con este puto viejo bufarrón a llorar ahí en el Metrobus, en la 9 de julio. Cerca de Constitución. 
Éramos dos tipos desnudos, abrazados.
Desnudos de alma.


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