Caso III – La Clase media sin poder, maltratada por la económicamente más vulnerable (Parte 2)

Conservar el Status de macho a nivel de lo público y lo social

Manuela logró lo que quería entre las vecinas que llevarían la noticia a sus casas: salvaguardar la “honra” de su familia  distrayendo una vez más la visibilidad sobre sus dos engendros  prostitutos y  depositando esa visibilidad en este caso sobre el gay, vengándose ante la imposibilidad de  acercarse a “negociar”  con él  porque los pendejos ya tenían 18 años.

Por lo tanto cada vez que Andrés  pasara con su moto por el baldío donde la pendejada jugaba al fútbol,  recibiría silbidos de esos silbidos en dos tonos que antaño los muchachos regalaban a las chicas de pollera corta.

Un día el gay se bajó de la moto, preguntó quién lo había silbado. Nadie respondió e invitó a quien tuviera huevos a que le tocara el timbre cualquier noche  y entrara a decirle lo que le  quería decir.

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Con eso ganó respeto, tenía voz de macho y también se ganó un par de cogidas cuando nadie viera entrar a su casa al pendejo caliente de turno.

Manuela siguió refiriéndose a él como al puto de la esquina. Jamás hablaría de Rodolfo.  En el almacén le cobrarían a Andrés  varios pesos más por cada producto, en la panadería le darían pan de ayer y se lo cobrarían como del día. Cada vez que entrara a cada uno de esos negocios paupérrimos donde las vecinas se ponían al día, se haría un silencio sepulcral, hasta que por fin Andrés  decidió no comprar más en su barrio y empezó a hacerlo en el nuevo Carrefour a 20 cuadras.

Finalmente puso la casa en venta y se mudó.

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