Hace un tiempo estaba en pareja con un tipo fachero, profesional, independiente, musculado, amante de los deportes, de esos que todos quieren tener. El tipo de hombre admirado, seguro, que todos te dicen son soñados o los amigos preguntan: ¿donde te lo levantaste? De hecho era muy común que algún amigo me preguntara si no conocía a alguien como él para presentar.

Ya promediábamos 5 años de relación y con la ley de matrimonio igualitario surge de él la idea de casarnos. Estábamos viviendo juntos, realmente a mi me colmaba en todos los sentidos, porque éramos muy compañeros, siempre hablábamos de decirnos la verdad y de no irnos a dormir peleados, eran las consignas que íbamos armando sobre los años que íbamos cumpliendo de pareja.

Viajábamos mucho, conocíamos muchos destinos clásicos y exóticos, así que la vida se nos estaba dando ya muy bien algo que –pensaba- el casamiento terminaría de fortalecer.

Desde el momento en que se empezó a hablar de casamiento ciertas cosas empezaron a cambiar, no fue un cambio abrupto, algo paulatino que fue surgiendo tanto en él como en mí. En el caso de él eran repentinos cambios de humor, porque había que llegar a la fecha del matrimonio a como diera lugar, había tantos planes por realizar que todo lo abrumaba y le provocaba ansiedad.

Revisando el celular de tu pareja. Cuando el que busca encuentra

En mi caso casi siempre me encontraba preguntándome para que me había metido en ese baile si así como estábamos la pasábamos bien y creo que es verdad que “el inconsciente obra de maneras misteriosas” –como dice mi psicólogo, porque empecé a tener sospechas de mi, de él a desconfiar de todo y un día “casualmente” vi cuando marcaba su clave para acceder a su teléfono, me llamo la atención que el patrón de acceso fuera tan fácil y quedó en mi retina.

Cuando ya estábamos transitando el ultimo mes antes de la boda y con el recuerdo del patrón en mi mente, tuve delante mio el celular; a mi alcance en uno de los pocos momentos en los que mi pareja se desprendía de él, cuando se bañaba. Recuerdo que llevé el tema a terapia, donde conté que sabia el patrón de acceso, que había tenido el celular todo para mi y poder revisarlo. Mi analista me contestó con una pregunta. ¿Estás listo para lo que puedas encontrar ahí dentro?

¿Pero que podía encontrar? Era la pregunta que me hacia. Tediosas charlas de whatsapp con sus clientes, el es abogado. Las fotos que le mandaban los sobrinos, las charlas con la madre y cosas por el estilo, nada del otro mundo…

Hasta que en otro momento, la situación volvió a repetirse.

Él tenía clave y yo nunca la supe durante los años de relación pero en el último vuelo de Miami a Buenos Aires la vi de casualidad y era una boludez. Me dije ‘cómo no me había dado cuenta antes’, pero antes no me había interesado saberla. Era muy fácil por no decir sus iniciales dos veces y dije por algo la vi… Fue terrible“.

Cuando por fin la situación volvió a pasar no la desperdicié, y aprovechando que el tardaba en el baño, me dedique a ver lo que creí saber.

Grande fue mi sorpresa cuando vi algunas de las charlas de whatsapp, las fotos, muy calientes y explicitas que daban cuenta de una vida que yo no conocía y que databa de largo.

Los amigos le estaban preparando una fiestita –a la que se referían como la Black party-  de despedida de soltero, los mismos amigos que venían a mi casa, compartían momentos conmigo y me tiraban onda. Sensaciones de mareo y nauseas me empezaron a recorrer, sudores fríos y como una piña en el medio del estómago, mientras recordaba la pregunta de mi analista. ¿Estaba listo para VER lo que pueda encontrar ahí dentro? Y no; no creo que nadie lo esté.

Cuando salio del baño, lo hizo tocándose su miembro semi-erecto como queriendo iniciar algo, pero yo le mostré el celular abierto en una foto de un culo que lo estaba más. Eso fue el principio de nuestro fin. El quería iniciar algo y yo lo estaba terminando. El momento fue terrible, no hubo matrimonio igualitario, porque no estábamos parados igual en la vida ante el acto que íbamos a contraer.

Pero hoy a la distancia me alegro de haber pasado ese momento y haber por fin retomado las riendas de mi propia vida sin que nadie me engañe.

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