Gabo HuntYa pasé los 40. Y esta nota surge luego de la lectura sobre una de Lucas Bertero, realmente me sentí identificado. Mi vida sexual es mejor que hace 20 años. Estuve casado 15 años por elección.

Siempre tuve una inclinación homosexual, a los 22 años se cruzó por mi vida una mujer, me enamoré, hace ya casi 11 años tenemos la dicha de tener una hija. Y pasado el amor hace 3 años nos separamos. Costó muchísimo, este año pudimos dejar de estar enemistados y poder tener un cálido diálogo más allá de nuestra responsabilidad de ser padres, lo que siempre estuvo claro.

Cuando me separé me abrí a un mundo, había conocido de a poco durante mis últimos años de matrimonio, me gusta la cantidad de sexo. También me siento solo, a veces necesito tener la mirada cómplice de un ser humano y poder dar un abrazo. ¿Qué pasó en todo este tiempo? Conocí mucha gente formidable; otra no tanto. Tengo la dicha hoy en día contar con chicos, que lejos de las buenas camas, podemos llamarnos, salir, charlar y pasarla bien.
La vida no termina a los 40. La madurez sí llega, al menos a mí. Logré poder actuar, vivir casi en un 100% como pienso y siento.

Concurro a lugares gay, me molesta el gran comercio con la elección sexual. Hay cosas muchas más importantes que la elección sexual. Pude entender que vivir es esto: disfrutar sin dañar, amar con respeto e ir haciendo lo que podamos para ser algo felices. Casi toda mi vida adulta estuve en pareja. Parte de todo eso se extraña. Sea esposa o esposo, hombre o mujer, se extraña el tener a alguien. La monogamia es cultural, que como decía Weber “no es más que otro de los inventos del capitalismo”. Me doy cuenta que pueden existir varias personas a quienes uno les tiene afecto, me refiero a “compañeros sexuales”, “amigarches” habituales, que están con un condimento extra a la cama. Somos seres sociales, con demasiados tabúes, eternamente ocupados por la “mirada de los otros”.

Mirada la cual me atañe también a mí. Cuando me alejo de ella y camino libremente por mi barrio tomado de la mano del hombre que en ese momento quiero; me siento orgulloso de poder romper las barreras y de alguna manera rebelarme contra lo establecido. Caminar tomados de la mano, darse un beso en público, mirarnos con complicidad no hace daño, es simplemente eso.Me alegra profundamente ver hace ya algún tiempo largo a mucha gente joven con elecciones homosexuales, tanto chicas como chicos, andar con absoluta libertad tomados de la mano por la calle, en pleno centro, sin esconderse. Eso es algo que me da felicidad.

Quizá los hijos de mi hija (si los decide tener) puedan tener “naturalizadas” algunas cosas que nosotros tuvimos que ir aprendiendo. Pero dependen de nuestras decisiones como adultos, de nuestras miradas, de nuestra construcción de una sociedad de alguna manera más equitativa y con un sentimiento puesto en acto de libertad de pensamiento y acción. No es fácil alejarnos de nuestra educación, de nuestros prejuicios, de nuestros tabúes. Acercarse al menos un poco al sentimiento de “estar haciendo lo correcto”, aunque sea cada tanto, al menos a mí, me produce placer y felicidad.

También muchas veces me asusto “de las segundas partes”, tengo grandes prejuicios con las diferencias de edad. A veces me animo y los dejo de lado y por un tiempo, no sé si largo o corto disfruto apasionadamente de la vida. La vida me dio amor, muy intenso con algunas personas, con mucha dulzura y con enorme pasión. Personalmente siento y creo que es mirar a la vida, dejar que fluya y teniendo la meta de estar bien, con uno mismo, es posible no sentirse tan vacío. No solamente llena una pareja, sino que llena la vida una inmensa y basta larga lista de cuestiones: una actividad o varias que den placer, amigos entrañables, algunos familiares, una anochecer en una tarde fresca, los libros, el cine, la música, el arte en general. Creo que no es malo cada tanto estar con las defensas bajas y pensar en negativo. Ojalá puedas, puedan y podamos ser algo felices.

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