Tengo que ir a un control a mi infectólogo y es curioso porque cada vez que voy a su consultorio -ahora cada 6 meses-, siempre a modo de letanía, me acuerdo de los primeros tiempos, de cuando me diagnosticaron y ese tiempo límbico y larguísimo que tardé en llegar hasta acá, como los CD4 me daban bien tardó en medicarme, pese a mis suplicas, es que yo pensaba que cuanto antes comenzáramos antes me curaría. Era cuando todavía no tenía noción de que esto es algo crónico.

VIH
“Tuve que pasar por todo esto para empezar a vivir sanamente”.

Así las cosas recuerdo que la primera vez que vine llegué con todos los miedos, los miedos me precedían, eran gigantes y más fuertes que yo. Tuve que arreglarme la cara antes de bajar del colectivo porque se me caían lágrimas, de bronca, de soledad, de miedo. Pero así y todo llegué hasta acá.

Cuando por fin tuve adelante al profesional la empatía que tuvimos y el raport creo que le dicen fue inmediato. Le empecé a mostrar todos mis analisis a contestar todas las preguntas, desde las más privadas hasta las generales:

 

  • Edad,
  • Ocupación,
  • Estado civil,
  • Rol sexual preferente,
  • Participas en sexo grupal?
  • Uso o no de preservativo,
  • Lamés anos?
  • Frecuencia de relaciones sexuales semanales…

 

Una vez pasado el interrogatorio, y ese momento clave, ya sin tener lugar para el pudor, empezamos a hablar de los temas más mundanos y me hizo una pregunta que me dejó en un lugar más solitario y desnudo que el anterior:

¿A que le tenes miedo?

Balbuceando empecé a hablar y mi discurso empezó a volverse compacto como cuando uno se excita y comienza una erección, por lo menos era lo que ahora recordaba.

Y si, le tenía miedo a quedarme sin laburo, por ende a quedarme sin cobertura social, sin mi prepaga. Sin ESE médico con el que me estaba aquerenciando. Todos temas que según él tenía que empezar a tratar en una terapia.

Pero lo loco fue todo lo que me provocó estas idas semanales –en un principio- a ver al medico, cada vez que hablábamos surgía un tema y yo me preguntaba cosas como:

 

¿De quién es la culpa? Y pensaba que más que culpables creo que cada quién es RESPONSABLE de sus actos y omisiones; mi vida sexual estuvo llena de prácticas riesgosas en la mayoría de las ocasiones. No puedo imaginar que persona me trajo a esto, y no pienso volverme un justiciero que ira por la vida infectando personas a modo de venganza, eso jamás. Yo fui quién en su momento decidió lo que hacía y con quién lo hacía, muchas de las veces bajo los efectos del alcohol, por eso es importante cuidarse. Al final la decisión de acostarme con este o con aquel sin usar preservativo fue mía y YO soy el único RESPONSABLE.

 

O

 

¿Por qué si tenía toda la información omití el uso del preservativo? Por tonto, siempre deje que el otro decidiera, para algunos el condón era básico, para otros era como un inhibidor por eso nunca lo usaban. Para mí era el saber que algo estaba mal pero por la calentura del momento prefieres no darle importancia o el temor al rechazo ante tal petición (usar condón), ahora pienso que no valió la pena.

 

Todos estos pensamientos fueron disparadores para mi al llegar a terapia, cuando conocí a mi terapeuta supe que la cosa iba a andar muy bien….

Lo irónico de esa época fue que empecé a cambiar mis hábitos de vida por otros mejores para mi salud, se acabaron las salidas a los boliches hasta el amanecer, bajé el consumo de café, empecé el gimnasio (soy de por sí sedentario), ¡me hice maratonista!, empecé a comer mis 6 comidas diarias y caí en la cuenta mucho después cuando hablando con mi terapeuta un día le dije, “tuve que pasar por todo esto para ordenarme y empezar a vivir sanamente”.

1 Comentario

  1. entiendo perfectamente. Me pasó algo similar, aunque aun me cuestiono por que fui tan irresponsable.
    Aunque trato de pensar sobre quién sería hoy si la vida no me hubiese puesto un freno.
    Un abrazo

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