Esta historia comienza hace ya unos años, llevaba una vida llena de diversión y sin límites.

seropositivoComencé a tener relaciones sexuales en lugares públicos con gente que no conocía, lo llaman cruising. Frecuenté cines, boliches, cabinas, el subte… todo, sin pensar en qué podía pasarme. Solo disfrutaba. Muchas veces con protección, otras muchas sin protegerme. Me dí cuenta que no era yo solo, a muchos a los que les contaba mis historias veían un espejo en los relatos que hacia, pasabamos data sobre los cuerpos que nos habíamos comido, cuantos en un día, “dotaciones” y actitudes animales para el sexo.

Y era un orgullo contar sobre la “adrenalina” –el riesgo- en todo esto. Recuerdo un par de veces que la seguridad de una estación de subte me recriminó por meterme al baño de al lado en el que me invitaban a entrar para dar lugar al encuentro. Seducción mediante el policía acepto una mamada de mi parte, mientras se tocaba su anillo de casado.

Me recetaban medicamentos y más medicamentos y no había mejoría. Un día el doctor analizo mi expediente por los síntomas que había ido anteriormente y sin más me pregunto si yo era homosexual a lo que respondí que sí.

El doctor me comentó desde ese momento que debía comenzar con la atención y los retrovirales. Con la noticia y el no saber cómo actuar solo deseaba sentirme bien para regresar al trabajo, poder hacer mis actividades y, si esto funcionaba, comenzar a buscar apoyo y soluciones o terapias alternativas.

Pasó un mes, me sentía bien de esta primoinfección, me quedaron algunos ganglios inflamados y las rodillas  de repente me tronaban. No dolían, pero era raro algo que jamás me había pasado. Tuve miedo de tomar el tratamiento y solo dure dos meses bien cuando surgió otra infección de vías urinarias.

Nada salía nunca se supo qué tipo de infección era solo por los síntomas: ardor al ir al baño, etc. Ahí ya algo estaba cambiando y yo lo estaba aceptando, empecé terapia y mi terapeuta me repetía: el HIV en la sangre, yo siempre hablaba de enfermedad y el me corregía: “se dice HIV”, entonces, seguía diciendo:

“El VIH debe estar en sangre, NO en la mente y el medicamento antirretroviral es la vida”.

Pasó un mes más y regresó la infección de vías urinarias con lo que ya cansado de todo esto comencé a los trámites para mi atención y tratamiento en la clínica especializada en VIH.

Ya no podía tomar nada de medicamentos ni beber alcohol.

Desde ese entonces me monitorean para verificar el estado de mi hígado para ver cómo va y ver si ya estoy en condiciones de recibir el tratamiento antirretroviral.

La vida sigue y gracias a Dios tenemos el apoyo de médicos, familia, amigos y no estamos solos. La peor decisión que uno puede tomar al ser diagnosticado es no atenderse.

1 Comentario

  1. Comentario:
    Excelente sencillamente fantástico “el VIH debe estar en la sangre no en la mente”… “La peor decisión que uno puede tomar al ser diagnosticado es no atenderse” son dos verdades superiores al tamaño de todas las catedrales del mundo juntas. Que mantengas tu actitud y ganas un abrazo.

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