Historias de Lengua. Hoy 3 palabras que deberíamos resignificar para que no sigan siendo insultos.

Hablamos sin pensar. Decimos sin querer. Las 24 horas nos valemos de la palabra en forma oral y escrita para comunicarnos. Recurrimos a ellas para hacernos entender, sin embargo no recurrimos a los mismos términos. Así como cambia nuestro estado de ánimo y las situaciones en las que nos desenvolvemos, cambian también las palabras que utilizamos. Cuando nos sentimos enojados o  las emociones se intensifican negativamente, latigazos verbales se disparan de nuestra boca casi sin control. Es ahí donde las palabras se pueden volver malas y las malas palabras hacen su aparición.

El  lenguaje responde de manera funcional a distintas situaciones y se ve condicionado por distintos factores.  No elegimos las mismas palabras para hablar en  la oficina que en el gimnasio e incluso expresamos distinto una misma idea según con quién hablemos y la situación alrededor. El lenguaje es, ante todo, una forma de expresión y comunicación que permite externalizar y  dar a conocer lo que sentimos. El desprecio, la bronca, el enojo e incluso el dolor que alguna situación puede causarnos es canalizado habitualmente con malas palabras. Un tono de voz elevado, una mayúscula en el chat, un “mierda” o un “carajo” bien puestos son necesarios para contextualizar una situación que acarrea molestias y no alegría. Sin dudas, están quienes abusan del uso de las malas palabras y hacen de ellas su propio lenguaje. La idea no es justificar lo grotesco o la falta de respeto hacía otros, sino reflexionar sobre cómo el uso de distintas palabras connotan la presencia de una situación diferente. Y muchas de estas palabras nos insultan o hieren a quienes somos Dambiente.

Resignificar, siempre resignificar.

Cuando nos apropiamos de las palabras, las resignificamos dejan de herir. Pasan de ser un insulto a ser una palabra más. Le perdemos el miedo y el dolor se va. El origen de muchas palabras que la sociedad ha usado por siglos para intentar descalificarnos es muchas veces asociándonos a los gays con lo femenino, (como si ser mujer estuviera mal) pero hay otros “insultos que tienen orígenes médicos, católicos y hasta bizarros o cómicos.

Hoy vamos a ver tres ejemplos.

Pasen y lean nuestras Historias de Lenguas.

Brisco:

término utilizado en Uruguay para referirse al hombre homosexual. Hay dos posibles explicaciones para el origen del “insulto”, por un lado hay quienes afirman que procede del durazno brisco, que es una fruta y se asocia con la homosexualidad por la facilidad con la que se puede abrir la fruta, relacionado con la supuesta facilidad con la que los hombre homosexuales ponen el culo para ser penetrados. Por otro lado brisco sería sinónimo de confundido, equivocado, mareado, perdido, etc, situaciones que se suelen relacionar con la homosexualidad. Esta última es la que me parece más probable como explicación de la misma ya que este mismo proceso se repite en otras muchas palabras.

Invertido:

al igual que en otros idiomas como el alemán o el italiano, el uso de este término procede de la palabra inglesa “invert” utilizada en ámbito psiquiátrico a partir de la publicación en 1897 de la obra de Havelock Ellis, “Sexual Inversion”. Término paradigmático de la época de la patologización en la que desde un punto de vista sesgado y heteronormativo, se intentaba explicar la homosexualidad como algo desviado o anormal respecto a la heterosexualidad, correcta, natural y mayoritaria. El término se incluye en el DRAE por primera vez en 1936 como acepción de sodomita, y en la actualidad sigue figurando como eufemismo de homosexual. Al día de hoy se sigue considerando un insulto en muchas regiones de América Latina.

Uno de los primeros bailes de “invertidos”

Sarasa:

En su origen sarasa significaba mujer de mala vida o prostituta. En la edad media en España, la homosexualidad masculina se relacionaba con la prostitución, por lo que el término, mediante la identificación patriarcal, pudo pasar a utilizarse para nombrar a los gays.

Qué pasa en Argentina con la palabra “sarasa”?

Se usa para indicar la omisión, lo carente de rigor o importancia.

Uso: coloquial y despectivo, se emplea también como sustantivo masculino para denotar un discurso tal

Sinónimo:blablablá.

Derivado:sarasear.

Ejemplos:

“La respuesta fue que desestimaban lo que yo planteaba, que ellos si estaban dentro del marco de la ley sarasa sarasa, bla bla bla, pero que como eran muy buenos, y yo no me habia desentendido de la situacion, me condonaban la mitad de la multa” [sic] Skay. MAYU SUMAJ: Multas por doquier!!!, en Club 307 OnLine, 1 de diciembre de 2009

“El profesionalismo, tapado, escondido, tramposo o como quiera llamársele, siempre existió, así que basta de sarasa de los clubes grandes que no tienen ningún derecho de quejarse.” Marf, comentario a Contramarcha (II), en PeriodismoRugby.com.ar, 17 de febrero de 2009

Así que cuando los “chongos” nos “sarasean” ni se imaginan que se podrían estar autodefiniendo.

Estar conscientes de las palabras que usamos todos los días nos empodera, nos hace más libres para usarlas cuando y donde nos plazca. Al fin y al cabo, nos llamen “briscos”, “invertidos” o “sarasas” somos lo que somos. Somos lo que muchos quieren ser y no pueden. Somos muchos. Y Dambiente propone con esta sección crear personas conscientes, formar seres resilientes quienes no tienen porque sentirse heridos o insultados con una palabra. Porque no hay malas palabras, si existen personas con malas intenciones. Y como dice la “One”, desdramatizar siempre desdramatizar. Y como dijo el Pepe Mujica “Educar, educar y otra vez educar”

Cariños para todos nuestros lectores desde Montevideo al Mundo.

Gracias por sus devoluciones vía mail: freddy2013uy@gmail.com y el Instagram: fred_barbas. Sus comentarios me incentivas a seguir curioseando, leyendo, armando estas “Historias de Ambiente”.

Fuentes:

Historia de la Homosexualidad en Argentina, de Osvaldo Bazán. Marea Editorial. Año 2006

El Uruguay Homosexual, de Carlos Basilio Muñoz. Ediciones Trilce. Año 1996

https://es.m.wiktionary.org/wiki/sarasa

Freddy Gonzalez

Freddy González tiene 40 años, es docente de Historia y de Inglés. Uruguayo, nacido en la costa del departamento de Rocha, viviendo en Montevideo. Ingresa al activismo LGTB en 2011. Ha trabajado en dos proyectos del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA. Ha participado en la creación de campañas de sensibilización mediáticas hacia la diversidad , como “Es mi Vida” y “Discriminacion Cero”. Actualmente brinda talleres de sensibilización sobre Identidad de Género, Orientación y Práctica Sexual, Prevención y Consejeria Pre y Post test de VIH en todos los lugares donde es invitado. Además coordina la campaña #Gozateconforro y responde consultas en #ElijoSaber (campaña creada en conjunto con el Ministerio de Salud Publica y la sociedad civil) y trabaja con un equipo de 2 chicas trans y dos chicos gays promoviendo salud, educando en diversidad y sensibilizando a la población en general. Socio Fundador de Montevideo Diverso ONG, y creador de la revista Amanecer donde es columnista desde 2009. Además a partir del 1ero de abril se firmará una alianza de trabajo con DKT Internacional, organización líder en planificación familiar dueña de la marca de preservativos Prudence, número 1 en ventas en Brasil y México.

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