Esta investigación expone a las claras que en el seno de nuestra sociedad, donde se encuentra  la mayor concentración habitacional de las clases trabajadoras, donde convive la mayoría sufragante que  habría sostenido la vigencia del Gobierno llamado Nacional y Popular que impulsara la Ley de Matrimonio Igualitario; en este seno de nuestra sociedad, se observa que la noción de derecho a la igualdad entre gays y no gays, no existe. Muy por el contrario.

Sobreviven en cambio,  el machismo y la homofobia hermanando las dos tendencias políticas opuestas  de nuestro país (Tomamos como a la otra tendencia a aquella que votó en contra de la Ley de matrimonio igualitario)  de lo que se infiere que la Argentina, una Nación eminentemente futbolera,  rechaza públicamente el homoerotismo y lo sigue colocando en el lugar de lo prohibido,  aun cuando ser homosexual o practicar la homosexualidad dejara de ser un delito en Argentina, pero sí en cambio,  podría todavía ser considerado, para el imaginario popular, dentro del rango de  enfermedad.

Por tanto su práctica es, por razones culturales, mayoritariamente clandestina y se oculta, como se ocultan los “locos” de la familia, que se depositan en “loqueros”,  o se sufren  silenciosamente, como se sufre a los ojos de todos y todas, el tener un hijo con características diferentes, intentando en más de una oportunidad, relacionar al gay con la pedofilia para obtener algún provecho.

Entre otras cuestiones, la necesidad de sostener el status de macho es fundamental en los suburbios conurbanos donde todos se conocen.

Para esto existe un convenio histórico: Gay o puto  solo será aquel que oficie en su rol homosexual como pasivo, o lo será el hombre que practique el sexo oral a otros hombres.

Será entonces ese “pasivo” el que tendrá un rango de inferioridad respecto del “activo”. Por lo tanto,   deberá cumplir para el imaginario “macho” un rol de  supuestamente sometido y se lo considerará “mujer”, algo inferior y al servicio del macho como en las cárceles.

Así es como subyacerá algo del orden de preferir que el hijo sea “chorro, falopero o borracho”, antes que puto.

Por lo tanto el visibilizarse, implicará todavía en el siglo XXI, una transgresión de las leyes sociales subyancentes que van a contramano de las leyes vigentes, y esa transgresión ejercida por el “gay” demandará un sometimiento respecto de estas leyes populares, que puede  implicar un pago de tributo.

El tributo irá desde (por mínimo que fuera) desembolsar dinero por una pija a compartir el puto su confort,  si es que lo tiene.

De lo contrario puede ser objeto de extorsiones, reiterados robos y delitos cotidianos hasta ser víctima de violencia.

Por último,  la realidad del  hogar conyugal de un matrimonio conformado por dos personas del mismo sexo seguirá   mencionándose despectivamente como: “La casa de las tortilleras” o “La casa de los putos”.

En las diferentes entregas de esta sección, se irá publicando esta investigación,  para que el lector saque sus propias conclusiones.

5 Comentarios

  1. Gracias por su amable respuesta: seguiré con interés los diversos “capítulos”. Cuando me refiero a “mujercitas” lo he puesto intencionalmente entre comillas, por dos razones, la primera porque no es mi modo de referirme a un homosexual y la segunda, porque hay homosexuales que se sienten y quieren sentirse mujeres y eso no es de suyo malo ni debería ser peyorativo. Actuan como mujeres, a veces no en público pero si en privado, se visten de mujer y les gusta usar prendas femeninas, a veces solo en privado y actuan frente a un hombre, como mujeres: es una modalidad. Desde luego no solo que es muy respetable sino que lo contrario – la falta de respeto – es inadmisible.
    Lo otro que siempre me ha dado que pensar es eso que usted expresa como “todo bien mientras nadie lo sepa” y yo me pregunto ¿y porqué hay que saberlo? personalmente no me preocupa en absoluto la intimidad de mis vecinos por ejemplo, un matrimonio con tres hijos, ni me preocupa la de los señores o señoras que andan por la calle y me imagino que a la mayor parte de la gente tampoco le preocupa ¿porqué hay que saber determinadas cosas que se refieren a la intimidad de las personas? Jamás me he interesado por la menstruación de las mujeres que trabajan en mi oficina ¿porqué habria que publicarlo?. Sin duda son modos culturales -me imagino que en medio del Amazonas las mujeres que apenas llevan alguna prenda de vestir encimales da exactamente igual – pero es que tampoco me preocupa si sus niños vomitaron el desayuno, o si les crecieron las uñas de los pies.
    Y en la misma línea del “que nadie lo sepa” no entiendo los “colectivos” de nínguna especie, ni nacionales, ni sexuales ni ninguno. Un grupo de personas que se segrega, que se mete en un ghetto, siempre será distinta. Es sin duda una simplificación y el tema da para un análisis mucho mas profundo, pero en términos generales lo planteo así. Por mi parte cuando salgo y con quien salga, voy a donde va todo el mundo (cosa que desde ya no tiene la menor importancia).

    • El caso del fetichismo, es algo que emociona a muchos varones que sintiéndose heterosexuales se calientan con alguien que use una tanga o se ponga pestañas postizas sin importar su sexo, y muchos gays si no practican el fetiche narcisista (porque a ellos los calienta o se sienten identificados con el género femenino), lo utilizan para levantar y enganchar amantes a los que sí los calienta y/o divierte.
      La identidad de género es otro tema y el juego de la fantasía es de cada cual.
      La sexualidad, lo digo como sexólogo es un 90 % de fantasía y el resto que no es fantasía, posee también sus vicisitudes emocionales. Si no fuera así, los sexólogos no existiríamos para tratar la cantidad de disfunciones sexuales que hay.
      Los colectivos no se armaron para segregarse aunque últimamente y por lo razonado anteriormente y expresado en la investigación operen hoy por hoy en contra del gay que milita que podemos pensar que es el que peor la pasa porque todos le estarían (y digo le estarían) escapando al puto con plumas, al visible, como algo que está generalizado en los últimos tiempos.
      Los colectivos se armaron para encontrar identidad dentro de una sociedad que negaba (y afirmo) aun niega en su seno esencial y mayoritario, el homoerotismo como algo propio de la naturaleza humana aunque se trate de minorías.
      Por otra parte, la lucha por la identidad dentro del colectivo se armó para lograr hacer legítimo, como lo hace una ley, algo que antes, incluso para la medicina, era considerado de enfermos, o delincuentes.
      La cultura no es la naturaleza. El deseo humano podríamos decir que sí.
      Las reglas de la cultura son constituidas a través de convenciones a lo largo del tiempo y de acuerdo a intereses de la mayoría, muchas veces bajados como línea desde grupos de poder, que para la mirada de la ciencia (como grupo de poder también) pueden transformarse incluso en paradigmas.
      A veces me pregunto si el hecho de que acaso una mayoría gay busque hoy “macho por macho” o “lomo de gym” “masculino por masculino” como se lee en las redes sociales; me pregunto, digo, si no es también un tema de fetichismo narcisista, tanto como el otro del que se pone una tanga para el sexo. Respetable y autentico (gustos son gustos se dirá por ahí), pero a la hora de preguntarnos no podemos dejar de pensar como investigadores de las realidades humanas.
      Digo esto en el sentido clínico del preguntarse al respecto y desde ya, de ninguna manera con intención de categorizar o juzgar.
      Pienso también que el sostener el secreto de una identidad sexual en cuanto a orientación también es una convención cultural resistente respecto de los vientos de cambio en torno de la inclusión.
      Nadie pretende que la vida privada se vuelva pública. Si fuera así, dejaría de ser vida privada y esta columna no es de militancia. De hecho yo nunca fui militante del colectivo y he criticado de él lo mismo que usted critica.
      Simplemente acá nos enfrentamos con esta problemática que es la que trata de comprender la investigación: La necesidad imperiosa que tiene un gay por mas masculino que sea de tapar o disimular su orientación sexual por el hecho de vivir en “nuestra cultura nacional”, como digo en la investigación “machista, chauvinista y futbolera”. Tapar justamente esa orientación sexual legitimada hoy, para poder tener vida privada hoy, que creo, es ni más ni menos lo que usted prácticamente (con todo respeto) propondría o, (en la misma línea de respetar su valiosa opinión), usted estaría negando como realidad en torno de esto que nosotros nos hemos ocupado de problematizar para poder comprender como vive el ser gay un gay en el conurbano, y como lo vive su entorno independientemente de la zona geográfica de que se trate, diga ese gay que lo es o no lo diga.
      No tratamos ningún otro grupo etario y cuando definamos el problema más adelante usted ya lo leerá.
      De hecho el bisexual que sale con mujeres, o el que está casado con una de ellas, tranquiliza su entorno aun cuando existieran para ese entorno dudas o sospechas respecto de su “otra vida”.
      Es habitual que el pibe bisexual soltero diga que es bisexual a los gays pero no a su entorno familiar y laboral.
      Y si es casado, ni que hablar.
      Pues “lo oficial” es decir, lo que se blanquea y se vive libremente es en general lo heterosexual.
      Y el discurso “oficial” siempre, (como dicen hoy los más jóvenes) “garpa”.
      Lo otro rompe estructuras concebidas culturalmente en el seno de nuestra sociedad, que como dije ejerce resistencia todavía.
      Nada de la vida íntima es necesario publicar Astra.
      Pero resulta que al joven del 5° “C” sin que nada diga a sus vecinos de su vida, que sale a trabajar todas las mañanas con corbata, que vive solo y no han visto entrar en su dpto a ninguna otra mujer que a su empleada doméstica, es, a la larga o a la corta el Gay del 5° “C” como en un barrio del conurbano es el puto de la esquina.
      Salvo que este fuertemente sostenido por otros grupos de identidad social, como el profesional.
      Y esto quiérase o no, llámese Juan o Roberto, ya le dio una identidad social al sujeto, relacionada con su vida privada y que el sujeto en cuestión de ningún modo hace pública. con la excepcion de que utilice a amigas como “tapaderas” (se decía antes), con lo que reafirmamos lo dicho: La necesidad imperiosa que tiene un gay… de tapar o disimular su orientación sexual por el hecho de vivir en “nuestra cultura nacional”.
      Los sujetos homosexuales en cuestión no se meten con nadie, no militan, no joden a nadie y mucho menos se preocupan si su vecina menstruó o no.
      Sin embargo viven en una sociedad que “controla” y por tanto “vigila”. Aunque usted no lo crea y aunque usted diga no hacerlo.
      Y otro tema más. Cuando usted conoce un nuevo grupo de amigos o de compañeros de trabajo le preguntan si es casado, soltero, si tiene novia, (se fijan si tiene anillo de casado o compromiso) etc. Salvo que se transforme en una especie de autista que no comunica, ni dato alguno consciente o inconsciente lo cual es muy poco probable.
      Cuando Ud. dijo que no es casado, no tiene novia etc., le preguntaran si es gay y/o tarde o temprano, lo invitaran a comer, a jugar un partidito de lo que sea, porque la gente busca socializarse e incluirlo y querrán saber.
      Si dice que no es gay trataran de presentarle chicas o hacerle historias con aquella compañera que también esta soltera, o con su jefa y así sucesivamente.
      Los grupos sociales mí estimado, operan de esa manera y son funcionales a la cultura.
      Si Ud. no da bola a estas cosas, y se empeña en no informar, lo comentaran por detrás e incluso proyectaran fantasías respecto de usted (he escuchado –“si fulano es un boludo, debe ser pajero o puto muy tapado”, “che vos que sos psicólogo ¿por qué no lo tratas?…etc) incluso se harán violentas bromas de putos en su presencia y hasta le pueden hacer trampas al respecto (mujeres con lo encaren, etc.) y se aun siendo gay coge con una para evitar hacer publica su realidad, lo querrán coger todas y su vida sera un infierno.
      Imagínese en un barrio de casas bajas y calles de tierra.
      Ud. no se interesa por la vida de los otros, pero no le quepa duda de que usted, con la información inconsciente que brinde de usted mismo, (pues existe un sujeto del enunciado y un sujeto de la enunciación) ya lo tienen categorizado, aun mucho más allá de lo que usted piensa.
      En su trabajo, en su familia, en su edificio o barrio.
      Y si lamentablemente (lamentable para lo que acá consideramos legítimo y natural El Homoerotismo ) en virtud de evitar que se sepa de su práctica homoerótica ha tenido usted que recurrir a una doble vida en la cual de todos modos usted pueda ser muy feliz (porque esposa que lo ama, hijos y familia lo completan), lo que está haciendo es dar razón a lo que hemos descubierto en la investigación y por tanto se lo agradecemos, como le volvemos a agradecer su valioso aporte.
      Atentamente
      Lic. Mariano Lelez

      • Cuando digo: “Salvo que este fuertemente sostenido por otros grupos de identidad social, como el profesional” me quiero referir a que la identidad social a partir de una vida privada que no se hace publica, puede pasar a ser de este modo: “el medico o el Dr. del 5° “c” tenga la orientación sexual que tenga, en lugar del gay del 5 “C” porque esta sociedad formada de inmigraciones sobrevaloró y colocó en el lugar de la aristocracia europea a aquel hijo de inmigrantes que logró un titulo académico convencional.

  2. Mmmmnnnnnn El tema es mas complejo. La homosexualidad “pública” es la que entra y solo hasta cierto punto, a mi modo de ver, dentro de la imágen que muestra la nota. En la Argentina de las extensas pampas y territorios despoblados, las prácticas homosexuales, fueron siempre “cosa de hombres” cuando se llevaban con discreción. No había mujeres en kilómetros a la redond, solo los pastores y los gauchos transhumantes. Y en esa práctica homosexual un hombre no se sometía a otro, ambos eran hombres plenamente, todo mientras fuera discreto. Ese concepto se mantiene aun. En el conurbano hay cientos de hombres que se encaman a diario con otros hombres, a los que no les gusta encamarse con una “mujercita” y que mantienen la idea de que esto “es cosa de hombres”. El que se ve discriminado suele ser el que hace pública su condición y que además se siente “mujer”. Hay mucho por estudiar en este tema. Hay muchos hombres que se encuentran de modo clandestino y luego se vuelven a sus casas donde sus mujeres y se la cojen como el mejor. Luego está el que se ofrece “con la bombacha de mi mujer” ese, es otro cantar.

    • Agradecemos su comentario y gran aporte histórico Astra.
      Y nos llena de satisfacción el hecho de que usted tenga dudas acerca de lo que se afirma en este copete de la investigación total, que tiene alrededor de 10 entregas (topics que se están trabajando para sintetizarlos y encuadrarlos en entregas del tamaño de ésta, para no cansar al lector).
      Se exponen en la investigación que irá saliendo semana a semana: 1) Cuatro casos reales (recién vamos por el primero y unos son diferentes de los otros), 2) un desarrollo de las dos principales problemáticas a grandes rasgos encontradas, 3) se analiza el tema discursivo (obviamente en lo público, pues todos somos conscientes que machazos mata-putos, luego en privado y con otros hombres de confianza o eventuales, hacen “cosas de hombres”, como usted dice), 4) se toca el tema de la mujer en su rol de madre y esposa o/amante, como transmisora de la cultura-(La cultura permite y prohíbe)-, 5) por ultimo se hace un pequeño muestreo con entrevistas a personas gay, expuestas y nada “mujercitas” como por ahí usted refiere, ( de todos modos habría que ver que es “mujercita” hoy para el imaginario que nos ocupa) A los investigados se les hace algunas preguntas que confirman lo que se toca en todo el discurso investigativo.
      En realidad se comenzó primero con las encuestas y después se puso en palabras lo inferido a partir de ellas, con los ejemplos reales de los casos con los que se ilustra todo el desarrollo.
      Esta investigación utiliza un método probabilístico y azaroso, y como todo, es relativo.
      Todo puede ser posible, pero lo probable hay que demostrarlo y por tanto se eligió encuestar como le hemos explicado y ya podrá leer.
      Se trata de apenas un acercamiento a la realidad, que nadie la tiene con contundencia.
      Pero se sigue afirmando, y demostrando con la investigación, incluso por lo que usted opina, que como cosa de hombres ( y no de todos los hombres, no jodamos) el homoerotismo para el seno de nuestra sociedad está del lado de lo que es “secreto”, igual que como cuando en otras épocas, dos mujeres hablaban de su periodo menstrual, entraba cualquier varón a preguntar acerca de lo que estaban hablando y se les respondía “cosa de mujeres”, y por ser la menstruación un tabú, nadie preguntaba, y de eso no se hablaba públicamente como hoy que en la TV se publicitan tampones, por ejemplo.
      Y esto de la Discreción de la que usted habla en su comentario, de lo de “cosas de hombres”, lo cual como varón homosexual me resulta sumamente excitante, y lo había olvidado, es lo mismo que se afirma en la investigación: “Todo bien mientras nadie lo sepa”. Puto será el que manifiesta públicamente su práctica homoerótica y por tanto se preferirá que el hijo sea “chorro o falopero antes que Puto”.
      Un tema subyacente en la cultura popular, que a “nosotros putos” ( y le aseguro que bien machos, y sin plumas, pero putos al fin para el conurbano”), NOS PREOCUPA.
      Como verá Astra, le damos al tema la complejidad que merece, pero de una cosa estamos seguros, que da para mucho más luego de las 10 entregas que usted ira leyendo, no le quepa duda y tal como usted lo refiere: Esto es más complejo que el mero copete que usted comenta. Y hacia un acercamiento a tratar de comprender esa “complejidad”, vamos
      Gracias por su interés y opinión. Lo contamos entre nosotros en Dambiente.
      Atentamente

      Mariano Lelez

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