De la fallida cita con mi infectólogo.

infectólogo
No se hagan ilusiones! Me gustaría lucir como el de la foto en las mañanas, pero no, cuando me levanto estoy mucho peor…

Llegué al consultorio de mi médico para el turno y luego de mirar la planilla que llevaba y mirarme intermitentemente la secretaria puso sus ojos en mi y dijo lacónica: el turno era ayer. ME QUERÍA MORIR! Le pedí de todas las formas posibles que me sacara un turno aunque fuera sin el horario que yo esperaba, no me podía imaginar diversas formas de humillarme para que me dijera: “Bueno”.

Pero no. El médico se iba a un seminario, a otra ciudad, viajaba al otro día, o sea que era imposible. Encima me quedaban pocas pastillas, me veía con enfermedades oportunistas por todos lados. Si, soy algo dramático!

Puse mi mejor cara de chico desvalido y traté de seducir a la secretaria, hacía mil que no le bajaba la vista sensualmente a una mujer, una señora mayor en este caso.

Fui con mi doctor suplente para preguntarle si me podía atender, le expliqué lo sucedido y el contestó que no, que cuando a algún paciente se le olvida su cita él no los atiende y aunque fuera con el subdirector no lo haría; eso me dio la idea de preguntarle al director del servicio, qué es lo que podía hacer, fui y no estaba pero me atendió su secretaria, una flaca muy amable que se tomó la molestia de preguntar en qué me podía ayudar (yo creo que es nueva porque esa amabilidad no se encuentra tan fácil); me dijo que regresara a las 12 y que al volver ya tendría una respuesta.

Esto también lo aprendí en terapia, mi terapeuta dice: que no me quede con los primeros NO del sistema. Que el sistema es perverso, y que hay que ser más perverso que el sistema. Entonces lo pasé por arriba al médico que me dijo que no y pensé en “MI” en primera persona. 

Esta secretaria hizo todo mucho más tranquilo y me dijo que volviera mañana.

Hoy tenía sesión con mi psicólogo y le comenté lo que me había pasado, la culpa que sentía y que a veces estoy medio cansado del tratamiento, y de todos los controles, que entiendo que son por mi bien, pero me canso.

También le conté que cuando estaba en la sala de espera vi un video de un médico que hablaba del casi nulo contagio que podemos tener los HIV que estamos negativizados y en tratamiento.

El video en YouTube hablaba de las conductas que no pueden contagiar el #VIH, y si, me refiero al aspecto sexual, esa dimensión nuestra que pensamos es lo primero que muere al enterarnos del diagnóstico.

Le comenté también que observé muchas reacciones respecto a la información que presentaban y no es para menos, si de por sí hablar de ello abiertamente genera polémica, entonces imaginen adornar el debate con un plus que aún genera incomodidad. Al médico lo trataban muy mal en su relato, el común denominador de las opiniones emitidas era que el autor incitaba a la promiscuidad y a tener sexo sin protección pero, ¿Por qué tomarlo desde esa perspectiva? ¿Por qué tergiversar a nuestra conveniencia algo que solo pretende informar?

Hablaba del sexo oral y la baja probabilidad de transmisión cuando se es indetectable, y afirmaba que la cantidad de virus es tan mínima que era imposible transmitirlo; me imagino que por eso todos creían que el vlogger estaba promoviendo el sexo sin protección.

Mi terapeuta me dijo que si bien esas corrientes estaban llegando a América todavía no había aval científico de este lado del océano como para respaldarlo a viva voz, (básicamente que las academias científicas y los colegios de médicos no se ponen de acuerdo).
Que entre los médicos dicen: que dando el mensaje que dan, la gente se toma el cuidado medio en broma, que es por eso que se eleva la seguridad en el discurso. 
Algo así como que si machacando y machacando con los métodos de prevención y el uso de preservativo, la gente en general lo usa poco, tomó para explicarme esto (y me quedó clarito) el caso de Amalia Granata que conoce un chabon, se va a Miami, garcha con el flaco y lo trae como el padre de su hijo, todo esto en 5 meses y sin forro. Mientras tanto al padre del año le salen amantes de abajo del zócalo, como las cucas. Que el NO uso de preservativo y la vida promiscua, no es exclusividad de los gays. 

Lo que yo entendí es que debemos perder el miedo al contacto sexual, si estamos en tratamiento, las probabilidades de transmisión son bajas, el hecho de hacer referencia a ciertos permisos que te podes dar son con el fin de ejemplificar y en todo caso la decisión es tuya de cuidarte o no sabiendo que existe la reinfección o sea todo el correlato de las infecciones de transmisión sexual.

Gabo Hunt

Analista de sistemas 43 años, vivo solo, duermo solo. Me apasiona trabajar en lo rural, pero vivo en la ciudad. Me gusta la lectura y cocinar, es casi una terapia para el agitado ritmo de vida que llevo. Emprendedor, ansioso y en ocasiones demasiado honesto, amante de los viajes, reparto mis días viviendo y soñando.

One Reply to “De la fallida cita con mi infectólogo.”

  1. Afortunadamente no llegué nunca a ser tan drogadependiente con ese tipo de tratamiento que no admite interrupción. Si en otros, que si me llegan a faltar POR SOLO UNA NOCHE me puede provocar grave crisis psiquico-fisiógica. ES DESESPERANTE Y ENLOQUECEDOR.
    Revelás EL ABUSO DEL PODER MEDICO AÚN EN LAS INSTANCIAS INICIALES ADMINISTRATIVAS, la maldad y falta de solidaridad e incumpliemiento de los deberes hipocráticos de DEBERSE a cualquier paciente. Se asombran cuando hay casos de agresión contra ellos. DEBERÍA HABER ALGÚN ORGANISMO O JUZGADO DONDE RECURRIR, PARA QUE LOS SANCIONEN, AUN QUITÁNDOLES SU HABILITACION, A VER SI SE LES BAJA UN POCO LA SOBERBIA,,

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