“Los verbos amar, temer y partir son los verbos modelo de la lengua española”

Así recuerdo que decía algún libro de segundo o tercer grado, y también mi maestra, a la hora de empezar a estudiar las conjugaciones. Creo que recuerdo la letra de la señorita en el pizarrón. En tres columnas, estas tres palabras derivaban hacia abajo en una larga lista de raíces y desinencias en tiza blanca y amarilla, diferenciando acciones pasadas presentes y futuras.


Hace unos pocos días, en esas charlas que tengo con las personas que necesito hablar y escuchar cerveza de por medio, estas tres palabritas dejaron de estar separadas en tres columnas y se convirtieron, así en horizontal y de corrido, en una oración plena de sentido.
Es necesario volver un poco para atrás. Desde hace unos días empecé a desandar mi vida en un viaje que me parece tan apasionante como viajar a lo desconocido. Hace no mucho, En uno de esos días en que las agujas del reloj sólo parecían divagar por el infinito, aprendí a conocer. Conocer no es sólo captar una presencia, un objeto, un cuerpo o un igual. No es sólo tocar, ver o atestiguar. Conocer es perderse a uno mismo en “aquello” o en este caso, en él. Y en este proceso de conocimiento doble, que es salir de uno para conocer al otro y desde allí reconocerse a uno mismo; amar temer y partir fue la tríada de acciones que conformaron mi sublime experiencia.
Este verano me enamoré de nuevo. Esta vez fue tan profundo, me entregué con tanta fuerza y con una velocidad tal, que fue como si por un instante hubiera podido agarrar todo el océano con las manos. Alguien disparó todas las dimensiones de mi ser en el mismo instante y me volví inabarcable para mí mismo, incontenible. A mí, que me gusta excederme mucho pero a cuentagotas, me estalló el ser todo para afuera. Quede desahuciado, dado vuelta, mirándome al revés como si yo ahora estuviera del otro lado de mi propia piel.
Claramente no me di cuenta enseguida de todo esto. Con los días fueron apareciendo los síntomas, gentiles pero ineludibles, indicándome que debía digerir algo. Primero una Euforia, fiebre de nuevo mundo, conquista; después apatía y relajo. Al mismo tiempo varias cosas cambiaron alrededor: los miedos y las alegrías salieron del cascarón en los que venía empollándolos en algún lado de mi cabeza para estar vivos y danzantes a mí alrededor. Ahora pienso; cultivar felicidades futuras adentro de uno por demasiado tiempo puede terminar siendo un veneno, ya veces los miedos pueden terminar siendo mejores amigos de lo que uno en general piensa.
Me fui un poco, volvamos a la cerveza. Estaba contando estas vivencias en la mesa de manera desordenada y solo interesante para mis interlocutores gracias a la vehemencia de mi sentido recuerdo, cuando una de mis amigas me dijo que debería escribir sobre esto. Venía pensando hace tiempo en escribir, y como escribir es ordenarse lo venía evitando un poco. ¿Cómo ordenarse ahora? como poner en tiempo de escritura una situación que era solo un momento
El desandar de mi espíritu trajo a flotar en la espuma de la cerveza una vez más algo para redescubrir. “los verbos amar, temer y partir son los verbos modelos de la lengua española”.
Amar, temer, partir. Viví en ese orden una experiencia que me hizo una persona más persona. Amar: desear, querer; entregarme abandonando el ego para saltar al otro. Temer: observar, darse cuenta del abismo que se abre en ese estado de despojo, advertir la enorme vulnerabilidad y finitud de la carne. Partir: volver a uno y dejar ser al otro, entender que somos dos iguales que se encontraron en una circunstancia que tiene un final. Aprendí a conocer sin la tiranía de mi razón, con menos cálculo y menos futuro; con menos avaricia.
Amé, temí y partí casi en un mismo instante, tan fuerte y con tanta entrega que Cronos no tuvo tiempo de engañarme.

4 Comentarios

  1. Muy hermoso texto! Espero que se reporta No se ha hecho sufrir. He vivido como la historia y yo sufrido un poco. Sin embargo, una profunda amistad se impuso y adimiração que sólo existía aumentó. Espero que les haya sido el mismo con usted y su amor de verano.

  2. Lucky guy, him. Profundo, potente texto. Hay que ser muy valiente para sentir así y para escribirlo con tanta belleza. El seguro se está derritiendo al leerte…

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here